El enemigo interno

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El enemigo interno

Lo que vimos, fue la peligrosa asociación entre política y guerrilla urbana que se instaló para quedarse.

Existe la errónea percepción de que el país vivió un paro indígena. No es cierto. No se trató de espontáneos organizando una protesta. Es guerrilla urbana con estrategias de ataque conocidas por nuestra inteligencia militar, pues durante la década robada -en la otrora “isla de paz” de León- se impartió entrenamiento a células paramilitares. Tal como explicó el coronel Mario Pazmiño en entrevista con Lenin Artieda.

El asalto de convoyes militares de abastecimiento a un sector estratégico con el fin de paralizar la producción petrolera; los intentos de dinamitar terminales terrestres; el daño a las antenas de telecomunicaciones; el envenenamiento de pozos de agua y el cierre de puntos estratégicos previamente definidos en las vías, revelan una minuciosa planificación desestabilizadora desarrollada por expertos anarquistas. Con relevos estratégicos, corredores humanitarios y zonas de paz. Igual que en Ucrania. Solo que allá el enemigo es externo. En cambio aquí, la guerra es con un enemigo interno: la nación ecuatoriana se ve atacada por otras “naciones” que habitan en su interior y que enarbolan una bandera distinta a la del Ecuador: la de Pachakutik. Porque no se sienten ecuatorianos, sino de otras nacionalidades. Y somos tan pend… que seguimos repitiendo “todos somos Ecuador”.

Son la fuerza de choque de la subversión. Creada y financiada por el prófugo, que logró aglutinar movimientos como el Comité de Defensa de la Revolución Cubana; el Colectivo Insurgente ELN Colombiano; el Grupo Guevarista guerrillero; el Grupo Mariateguista antiguo Sol Rojo, expertos en emboscadas urbanas; así como la banda criminal venezolana Tren de Aragua; los Comandos de la Frontera, disidentes de las FARC y los grupos Cóndor de Colombia y el Comando Vermelho, la mayor organización criminal de Brasil dedicada al narcotráfico, secuestro y sicariato.

Lo que vimos, fue la peligrosa asociación entre política y guerrilla urbana que se instaló para quedarse. Y la combatimos cándidamente “dialogando”. Menudo porvenir nos espera. Pero igual que en Disney… shhh… “no se habla de Bruno”. ¿Guerrilla urbana? ¿Cuál?