Ricardo Arques: Un salto cualitativo en la violencia
No sorprende, por todo, la remodelación impulsada por el presidente Lasso en el ámbito de la seguridad, aunque sí asusta por su calado, casi integral
Hay crímenes imperfectos que dejan pasar la luz y crímenes altamente sofisticados que sumen los casos en perpetua oscuridad. La primera impresión que deja el asesinato de seis sicarios presos por el homicidio de Fernando Villavicencio es que nunca conoceremos la verdad. Existen antecedentes iguales en la historia. Se producen cuando los asesinos son a su vez asesinados, de modo que se conforma un cortafuegos que impide enlazar el móvil que impulsa una acción con quien la ejecuta y quien la piensa, es decir, con sus autores intelectuales. El ´Caso Villavicencio' se va perfilando en la categoría de 'Misterios sin resolver' a la que pertenecen sucesos tan relevantes y mediáticos como, por ejemplo, el asesinato de Lee Harvey Oswald, asesino de JF Kennedy, abatido a tiros cuando la Policía lo custodiaba en su edificio de Dallas antes de ir al juzgado a declarar. ¿Hubo conspiración en el magnicidio de Kennedy? La gran pregunta sigue sin respuesta porque mataron al matador, el eslabón que podía desentrañar el enigma. En el 'Caso Villavicencio' también han matado a los matadores, lo que deja una segunda impresión, difícil de digerir por su desesperanza: el cambio radical en la percepción sobre las instituciones penitenciarias del país, identificadas con el acrónimo de SNAI para eludir su largo, pretencioso y rimbombante nombre. De la estampa de incapacidad y descontrol, de corruptela barata que transmitieron durante los episodios recientes en las cárceles nacionales se revela ahora con una estructura compacta, capaz de albergar en sus entrañas seis crímenes altamente planificados, imposibles de ejecutar sin la implicación directa y sin una coordinación milimétrica entre todos los actores. No sorprende, por todo, la remodelación impulsada por el presidente Lasso en el ámbito de la seguridad, aunque sí asusta por su calado, casi integral. Declaraciones a este periódico del general Paco Moncayo, veterano de acreditada experticia, iluminan inquietantes sospechas: “Es grave que el crimen organizado utilice a los políticos”, ha dicho, “pero es peor cuando los políticos usan al crimen organizado”. ¿Dónde estamos? ¿Hay penetración del crimen organizado en las estructuras del Estado o ya hay estructuras del Estado que funcionan por sí mismas en las dinámicas del crimen organizado? Demandamos a la nueva Presidencia respuestas y soluciones.