La ley Creo
Cuidado y con la consulta o la muerte cruzada terminan abriendo una caja de Pandora
No puede sorprender lo sucedido en el CAL; y es que si el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones, este parece ser el camino elegido.
La ley Creando Oportunidades, ley Creo, presenta sus virtudes y defectos, dependiendo de la óptica con la que se mire. Flexibilizar las relaciones laborales, el infierno para los sindicalistas y el paraíso para los emprendedores; incrementar la recaudación fiscal, un respiro para el Gobierno y una asfixia para el sector privado. Pero más allá de los intereses particulares, la ley debería poder ser evaluada a luz de los intereses del país. El país necesita reactivarse, generar trabajo y riqueza. Para esto una flexibilización laboral parecería una idea acertada, en especial si lo que se quiere es proteger a quienes no tienen trabajo e impulsar el emprendimiento. En lo fiscal, ampliar la base impositiva podría ser una buena idea. Que paguen todos, los que tienen mucho que paguen mucho y los que tienen poco que paguen poco. Esto permite crear una cultura impositiva muy importante. Eliminar el impuesto a la herencia es una forma de impulsar el ahorro y la inversión en el largo plazo. Sin embargo, otras medidas podrían ser contraproducentes a este objetivo; la creación de un impuesto temporal por dos años al patrimonio de las empresas y las personas es una receta perfecta para desincentivar la inversión y generar desconfianza, además de ser una reedición del impuesto “solidario” al terremoto, que se prestó a tantos malos manejos. Eliminar las deducciones al IR es tan solo una forma de meter más a fondo la mano al bolsillo del sector privado para financiar el mórbido gasto público, como lo diría el exalcalde de la ciudad, “Estado que traga, pueblo que paga”, y es que los impuestos los pagamos todos aun cuando no nos demos cuenta.
Más allá de las consideraciones teóricas o las apreciaciones personales, la ley Creo fue devuelta en un mensaje claro al Gobierno, no suma apoyos. Ya se vivió este escenario aun antes de asumir el mando, cuando para la elección de autoridades en la Asamblea el Gobierno tuvo que elegir pactar con el demonio o con el de moño. La primera alternativa se volvió inviable por la impresentable comisión de la verdad como condición; la segunda dejó de ser alternativa para convertirse en la única opción para lograr algo de gobernabilidad momentánea, tan efímera que no duró más allá de la designación de autoridades.
Se evidencia nuevamente la ausencia de un operador político. No se han creado los espacios para el diálogo bajo el argumento de que el país eligió una opción de gobierno y se anuncia desde lo más alto una batalla democrática. El tiro puede salir por la culata. Pensar que la mayoría del país votó por este gobierno es un error. Cierto es que en segunda vuelta Creo logró alzarse con el 55 % de los votos; sin embargo, en estricto rigor, este gobierno llegó a la presidencia con el 20 % de votos a favor de Creo y el 35 % de votos en contra de la revolución ciudadana. El 80 % de la ciudadanía no comparte las recetas del Gobierno y esta situación demanda que las mentes brillantes que lo asesoran se aboquen a viabilizar una salida política que brinde la gobernabilidad que el país necesita. Cuidado y con la consulta o la muerte cruzada terminan abriendo una caja de Pandora.