Entre Dumbledore, Jano y Pandora

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Entre Dumbledore, Jano y Pandora

Tengamos cuidado con lo que escribimos, no lo descuidemos, pues al final del día (o del año) en este libro escribimos con tinta, no con lápiz. Felicidades. 'Fair winds and following seas'

Para cerrar el 2020, hace un año por estas mismas fechas, escribía para esta columna que me daban vueltas en la cabeza las palabras con las que Dickens abre Historia de Dos Ciudades: “Era el mejor de los tiempos, y el peor de los tiempos; era la edad de la sabiduría, y la edad de la estupidez; era la época de creer, y la época de la incredulidad; era la temporada de la luz, y la temporada de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; lo teníamos todo, no teníamos nada; íbamos todos directamente al cielo e íbamos todos directamente hacia el otro lado”.

El uso del calendario acarrea la necesidad irresistible de hacer balances, de revisar las cuentas. De pensar en comienzos y finales. Enero (January/Ianuarius) lleva su nombre por el dios Jano, de la mitología romana. Es el dios de las puertas, de los comienzos, de las transiciones y también de los finales. A Jano se lo representa con dos caras, mirando en direcciones opuestas: una viendo al pasado y otra al futuro.

En Grecia, por otro lado, Zeus, deseando vengarse de Prometeo por haber robado el fuego de los dioses, presentó a Epimeteo (su hermano) una mujer: Pandora, con quien Epimeteo se casó. Como regalo de bodas, Pandora recibió un misterioso obsequio: una tinaja -hoy se acepta que fue una caja, con instrucciones de no abrirla bajo ningún concepto. Los dioses habían imbuido una gran curiosidad en Pandora, por lo que decidió abrirla para ver qué contenía. Al hacerlo, escaparon del interior de la caja todos los males del mundo. Cuando por fin pudo cerrarla, solo quedaba en el fondo Elpis, el espíritu de la esperanza.

Lo que vio la cara de Jano que mira al pasado, no lo podemos cambiar. Pero algunas lecciones siempre quedan... allí están, solo hay que buscarlas; a veces no resulta fácil, porque para ello hay que apelar a la humildad. Muchos habremos seguido sufriendo pérdidas irreparables con sus intrínsecas infusiones de dolor y angustia, y muchos habremos aprendido, producto precisamente de las vicisitudes, a ser mejores personas.

Lo que verá la cara de Jano que mira al futuro, no lo podemos saber, es como una caja de Pandora cerrada, pero que siempre terminamos abriendo, porque así es como funcionan las cosas, así es como vivimos.

La mirada hacia atrás suele dejarnos la reciedumbre y la resiliencia que acompañan al dolor y al sufrimiento; mientras que para la mirada al futuro, aunque sea en el fondo de la caja, siempre tenemos la esperanza.

Cosechar es inevitable. Todos cosechamos. Siempre cosechamos. Aunque no queramos, aunque no nos guste, aunque prefiriésemos no hacerlo. Por eso hay que poner especial cuidado en lo que se siembra.

Albus Dumbledore, director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, en algún pasaje de las novelas de J. K. Rowling, le dice a Potter:: “son nuestras elecciones, Harry, las que demuestran quiénes realmente somos, mucho más allá de nuestras habilidades”.

Así que, otra vez, nos hallamos en época de balance, de análisis de cuentas: estamos ante una página llena y otra en blanco. Tengamos cuidado con lo que escribimos, no lo descuidemos, pues al final del día (o del año) en este libro escribimos con tinta, no con lápiz.

Felicidades. 'Fair winds and following seas'.