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Rafael Oyarte | El país está podrido

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Con consultas populares a lo Lasso no llegamos a ninguna parte

Los últimos acontecimientos obligan a cambiar el tema planeado para esta semana. Una cosa es creer que el sistema judicial está mal y otra comprobar que los niveles de corrupción y de connivencia con el crimen organizado son tan abiertamente burdos que basta con raspar un poco la superficie para hallar la putrefacción.

Metástasis. No se podía encontrar mejor nombre para descubrir esa bazofia: jueces, abogados y administradores unidos para favorecer criminales, no solo para dejarles en libertad o darles beneficios, sino para colaborarles en su actividad delictiva. Cómo pedir a la gente que busque justicia donde debería encontrarla, que es en los tribunales. Cómo pedirle a un abogado que prepare su caso, elaborando sus petitorios y ordenar su prueba, si, como se ha visto, es cosa de tirar unos billetes para lograr resultados. Paradójicamente, abogados incompetentes y mal formados, usarán esto para encubrir su propia incapacidad, aduciendo que su caso se ha resuelto por desviadas razones. No me extrañará. Un expresidente prófugo, líder de la primera mayoría parlamentaria, que no solo hace el papel de ‘campanero’, sino que se solaza en redes sociales de serlo, advirtiendo públicamente de la actuación fiscal y haciendo gala de que le pasan información sensible, es el corolario del lodazal. No quiero repetir lo que todos conocemos sobre este asqueroso caso. ¿Cómo arreglamos esto? La fácil será, simplemente, deshacernos de los funcionarios vinculados y nombrar a otros, para darnos nuestros tradicionales ‘giros de 360°’, que nos llevan al mismo sitio. Con consultas populares a lo Lasso no llegamos a ninguna parte y con convocatorias a constituyentes que se eligen del mismo modo que la Asamblea, peor. Ni qué decir con la idea de volver a la Constitución del 98: como lanzarse al vacío.

Si la cosa sigue así estamos a centímetros de convertirnos en Haití: país que no pasa de ser un dibujo en el mapa, pero que de Estado tiene poco y nada, pues el poder no está en él sino en las bandas criminales que se reparten su territorio. Y no basta con decir que no queremos ser eso, hay que hacer harto más. Lo primero es cuidar a nuestras FF.. AA., que, si por desgracia se llegan a contaminar, estaremos perdidos. Mientras tanto, la Asamblea pretende distraer de sus funciones a la fiscal de la Nación con una acusación constitucional deleznable.