Verdades incómodas

  Columnas

Verdades incómodas

Desde la era de la sustitución de importaciones algunos actores de la economía han venido haciendo que el consumidor les pague sus ineficiencias’.

Hace pocos días, con motivo de su visita a Uruguay, el presidente Lasso declaró que ese país podría exportar carne vacuna y leche a nuestro país. Inmediatamente algunos productores mostraron su disgusto alegando que no se debería permitir la importación de esos alimentos porque el país ya los produce.

El argumento es que si se los importa se generaría un grave perjuicio al productor y podría provocarse desempleo en el agro. Ese argumento parte de que el producto uruguayo es de mejor calidad o precio, pues de lo contrario nuestro consumidor preferiría el producto nacional. En otras palabras, lo que pide quien se opone al libre comercio de esos productos es que el consumidor subsidie al productor local.

Es un argumento que ya lo vivimos con la industria textil en su momento y con otros sectores de manufactura que exigían aranceles altos, tipos de cambio sobrevaluados, tasas de interés subsidiadas, y en ciertos casos hasta impedían que los permisos sanitarios de los productos importados se aprueben. Entonces, igual que ahora, era el mismo argumento: se perderá empleo. ¿Por qué ciertos sectores de producción agrícola en el país son eficientes, exportan, compiten internacionalmente, o más aun, son capaces de enfrentar las importaciones y vencerlas, y por qué tenemos otros a los cuales el consumidor tiene que seguirlos subsidiando? ¿Hasta cuándo los esperamos para que sean competitivos?

Al Estado le debemos pedir seguridad física, seguridad jurídica, estímulo a la competencia y represión a las actividades colusorias, infraestructura vial, educación y salud, y quizá en ciertas específicas circunstancias como en vivienda de interés social, ciertos subsidios; pero pretender que el Estado resuelva el problema de competitividad de sectores sobre los cuales no tenemos ventajas competitivas, es sugerir que los contribuyentes o los consumidores carguen con ese problema. Eso no es justo.

La ineficiencia de un sector no se resuelve con barreras al comercio exterior, eso solo hace que el consumidor pague las ineficiencias, pero para algunas personas esas son verdades incómodas.