Columnas

El misterio de la liquidez

'Es el momento de despojarnos de dogmas para mover la rueda, porque sobre lo que vivimos no hay experiencia en ninguna parte’.

Hace unos años Hernando de Soto, uno de los más reconocidos economistas latinoamericanos, escribió El misterio del capital, un libro tan didáctico que puede ser leído por cualquier persona no iniciada en estudios de economía, permitiendo entender fácilmente el apalancamiento sobre activos de la población. Esencialmente, describe cómo gira la rueda económica a partir del derecho a la propiedad privada y el uso de bienes personales en zonas marginales para escalar en el bienestar familiar.

Muchos se preguntan hoy dónde está toda aquella liquidez que hace dos meses permitía tener a la economía ecuatoriana en movimiento; ¿dónde se fue, quién la tiene, o si acaso se destruyó? Para muchos, bastaría simplemente regresar a lo que teníamos hace dos meses para que no se pierdan empleos o exista hambre.

Quizá la forma más fácil de comprender lo que nos pasa y cómo salir del atolladero sea volver al carro de la columna anterior. Imaginemos ahora que el carro -de los antiguos- se detuvo de pronto, y nos percatamos que hay un problema en el carburador provocado por basuras en las cañerías. Pues bien, hay que limpiar las cañerías, limpiar el carburador, pero todos sabemos que debemos “cebarlo”. En efecto, todo está en su lugar en el carro, la gasolina en el tanque, pero se requiere poner un poco de combustible de fuera para que a través de las cañerías llegue al motor y esa explosión interna le dé arranque al carro.

Ese combustible inicial imprescindible es el que debemos encontrar rápido, filtrarlo a las cañerías, que no es otra cosa que la demanda de consumidores, y que ese combustible haga explosión en los cilindros, que es el aparato productivo. Si para ese fin, literalmente tenemos como sociedad que entregar importantes flujos de dinero a los más vulnerables de manera regular por los próximos meses, hay que hacerlo. Si eso significa que el sector productivo (quien así lo decida libremente) constituya en garantía activos y flujos de caja dedicados a pagar los préstamos con origen público, hay que hacerlo.

Todos debemos despojarnos de dogmas o no podremos cebar el carburador.