Columnas

Los botes ya se van

En ese bote es un pecado llegar a tener algo más que los demás; y de maneras distintas de pensar, ni hablar.

Algunas personas, en especial los jóvenes, aun tendrán dudas por quién votar en las próximas elecciones presidenciales del 7 de febrero. La verdad, yo no les voy a dar un nombre, pero recurriré a una analogía.

Imagínese usted, su esposa y su hijo de 10 años, en un barco pequeño, en una noche tempestuosa en algún lugar del Caribe. De pronto suena la alarma y debe abandonarse el barco, el cual solo tiene dos botes salvavidas, y el capitán indica que únicamente tienen cabida para los menores y un adulto en cada bote, quien deberá conducirlo. A la distancia se ven las luces de Florida y de Cuba también, las dos orillas a la misma distancia. El marinero de uno de los botes empieza a gritar que conducirá su bote a Cuba, y el otro dice que llevará su bote a Florida, en Estados Unidos. Su esposa alcanza a darle una pequeña chaucherita a su hijo, con algo de dinero que tenía en su bolsillo, y un escapulario. Usted ha escuchado que en Cuba aseguran educación gratuita y ofrecen un sistema de salud también gratuito. En Florida usted conoce que la vida hay que ganársela trabajando, que no es fácil, pero si su hijo se esfuerza puede lograr una vida en libertad y prosperidad, y quizá sus nietos no tengan una noche de tempestad como la que hoy usted experimenta. Usted sabe, porque de joven tarareó algunas de las canciones lindas de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, que la gente habla con mucho romanticismo de la revolución, pero nadie puede comprarse una casa digna en Cuba. Pero qué importa verdad, si lo lindo es que todos sean iguales; bueno, hay unos más iguales que otros. En Florida, en cambio, cada cual vive su vida, hay menos romanticismo cancionero, pero la gente puede cantar y bailar al ritmo que quiera.

Los botes están ahí, usted tiene solo una oportunidad, se trata del destino de lo más valioso que tiene y usted puede decidir ese destino.

Me olvidaba de un pequeño detalle: en uno de los botes le quitarán la chaucherita y el escapulario. En ese bote es un pecado llegar a tener algo más que los demás; y de maneras distintas de pensar, ni hablar.

Apúrese, decida, los botes ya se van.