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Paul E. Palacios | MacArthur, la lección aprendida

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Al menos Maduro está preso por ahora. Ya les tocará el cadalso a los demás

Para muchos fue una sorpresa la captura de forma quirúrgica de Nicolás Maduro por parte de las fuerzas armadas y agencias de seguridad de Estados Unidos. Ya conoceremos en algún momento los detalles de la poca o ineficaz resistencia de la seguridad de Maduro, así como la total falta de reacción de las fuerzas armadas venezolanas. Seguramente será motivo de muchas películas de Netflix, especialmente las de espionaje.

Mayor sorpresa causó que, habiendo capturado a Maduro, no existiera una fuerza de ocupación, o más aún que el presidente Trump mencionara que María Corina Machado no era parte de sus planes en Venezuela; palabras más, palabras menos.

Este hecho me recuerda la intervención del general Douglas MacArthur en Japón, luego de su rendición. Innumerables voces alentaban a que el emperador Hirohito, al final de cuentas el líder supremo de Japón, sea capturado, juzgado y posiblemente ahorcado, tal como ocurrió con los jerarcas nazis luego de los juicios de Nuremberg. Aquello no pasó, pues la opinión de MacArthur se impuso, al mantener la figura del emperador como líder de la nación.

Japón había cometido crímenes terribles, masacrando a cincuenta millones de filipinos, vietnamitas, camboyanos, malayos, birmanos y chinos, pero MacArthur tenía claro que si se tocaba al emperador, la contienda habría costado otros cientos de miles de vidas norteamericanas.

Había que pacificar Japón, convertirlo en aliado, y que los soldados regresen a sus casas. ¿Fue moral aquello?

Los países -todos- incluyendo el nuestro, tienen intereses, no sentimientos. Si en estos momentos EE.UU. no trabaja con los poderes constituidos, aunque nos repugne a todos, al menos durante un tiempo de transición, podría haber un baño de sangre.

¿Quién se va a hacer cargo del relajo en Venezuela, la comunidad internacional, los venezolanos en el exilio, los héroes del teclado y de las redes sociales? La lección de MacArthur no se la aplicó en Irak, Afganistán y Libia. Al menos Maduro está preso por ahora. Ya les tocará el cadalso a los demás. Por ahora ‘calienta María Corina’, que el partido no termina.