Columnas

El show venezolano

Pero ese camino que propone López empieza con un “golpe de Estado” contra el poder constituido de Maduro

El comienzo de una semana tensionada (la última de la campaña presidencial de los Estados Unidos en la contienda Trump-Biden) ha tenido la fuga del político opositor al régimen de Maduro en Venezuela, Leopoldo López, desde la embajada de España en Caracas, donde estuvo refugiado desde el fallido golpe de Estado que pretendió dar el año anterior Juan Guaidó, con ayuda de unos pocos militares, quien en esa instancia liberó a López, sacándolo de su propia casa, donde cumplía prisión domiciliaria desde 2017 (dos años antes fue condenado a 17 años de prisión) por alentar la subversión contra el Estado en violentas manifestaciones donde la oposición inventó la terrible “guarimba”, para decapitar con cordeles de acero templados y cruzados en la vía a agentes del orden que en motocicletas se movilizaban para controlarlas. Ahora como héroe llega a Madrid a reunirse con su mujer y sus tres hijos menores, y está en su salsa para hablar a los medios contra el régimen de Maduro, a quien tilda de torturador criminal y sanguinario, sin que nadie le pregunte qué clase de tortura sufrió durante los dos años que estuvo en prisión. Clama además porque se ha detenido a personas de su entorno en Caracas que podrían estar implicadas en su salida “irregular” del país, sin que se haya sabido que anteriormente la Cancillería de España hubiera pedido ningún salvoconducto para el traslado de López de Venezuela a España, donde al fin llegó para continuar su lucha y abiertamente pedir que se le conceda la misma oportunidad que a Bolivia, para que puedan celebrarse elecciones libres y verificables, cuyos resultados se respeten...

Desde luego, esa es la más abierta incitación a una intervención extranjera, que no puede ser sino una invasión armada, toda vez que el “golpe de Estado” interno fracasó, para luego repetir el rol oportunista de la Añez en Bolivia y su descalabro al volver al triunfo el partido político mayoritario, que era y es el movimiento indígena de Evo Morales.

Pero ese camino que propone López empieza con un “golpe de Estado” contra el poder constituido de Maduro, aunque sea tachado de dictador. Y eso sigue siendo penado en todas partes como delito de subversión.