Columnas

Salvemos a Puná

"No dejen caer en el vacío de la incuria burocrática un proyecto que nunca será más oportuno"

En la isla Puná, nuestra isla grande que campea en la boca del golfo, pese a haber sido declarada zona protegida en 2009, el grado de contaminación causado por la basura, en especial desechos plásticos que lleva la marea a sus orillas sur y este, era el mismo el pasado marzo que el constatado en septiembre del año anterior por reporteros de este diario, que confirmaron que “esa alfombra de desechos sigue intacta. Los únicos que la aprovechan son las decenas de aves de rapiña que la sobrevuelan y que se instalan, como si fueran faroles, sobre los letreros que dan la bienvenida a la isla”, tal como si miráramos un gran boceto de Hernán Zúñiga. Otro reportaje periodístico, complementario al anterior hace detallada referencia al Plan de manejo de crisis ambiental para la isla Puná, a través del turismo alternativo, propuesto por las estudiantes de Turismo de la Espol, Melanie Valarezo y Lourdes Delgado, como proyecto de investigación de sus estudios. La base de la propuesta es desarrollar el turismo voluntario y científico en la zona, confiando en que su puesta en marcha abriría el camino a posibles soluciones para tratar el arribo constante de la basura, que es su problema fundamental. Los turistas científicos (biólogos, ingenieros ambientales y ecologistas) realizarían el monitoreo para precisar la fuente de los desechos y evaluarían su impacto en el ecosistema. Los turistas de voluntariado se encargarían de recoger las muestras para el monitoreo y trabajarían junto a la comunidad en las mingas, teniendo la posibilidad real de convivir con los habitantes, además de disfrutar de los diferentes atractivos turísticos de la isla o emprender sus propias investigaciones. Como parte del proyecto se ha considerado la restauración de los lugares de alojamiento disponibles en la comunas de Bellavista y Cauchiche, estimándose una inversión inicial de $40.771,79, recuperables en cinco años.

Nuestra felicitación a las estudiantes de la Espol por esta forma de trabajar sobre problemas reales, que nos sobran, y contribuir a sus soluciones. Ojalá los organismos a quienes corresponde enfrentar este problema, sobre todo la Municipalidad de Guayaquil a la que Puná pertenece, no dejen caer en el vacío de la incuria burocrática un proyecto que nunca será más oportuno.