Columnas

Mujeres por la paz en Israel

El poder de la oración siempre ha sido potente en todas las religiones para imprecar de la gracia divina sus favores, o que cese su castigo.

Mientras el premier Benjamín Netanyahu sigue implacable y sistemáticamente su política depredadora a través de los asentamientos israelíes en el territorio de la Palestina ocupada, las mujeres de Women Wage Peace (Mujeres Activas por la Paz), movimiento que agrupa a víctimas del conflicto israelí-palestino sin distinción de credo político o social, formado en 2014 tras la violenta escalada del conflicto en la Franja de Gaza, organiza y realiza conjuntamente la denominada Marcha de la Esperanza, un multitudinario evento de protesta que aspira a que se ponga fin al conflicto bélico que desangra a sus países, marcha que ahora se repite anualmente el 23 de septiembre, Día Internacional de la Paz, según lo declarara un decreto la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Durante la primera marcha, que se efectuó el 4 de octubre de 2016, comenzando en el norte de Israel y terminando en Jerusalén, se sumó al movimiento la activista liberiana y Premio Nobel de la Paz, Leyman Gbowee, quien aparece agradeciendo por su labor a las mujeres de Women Wage Peace en el video de la canción Oración de las madres, de la cantautora israelí Yael Deckelbaum, estrenada el mismo año 2016, tema que es cantado por mujeres en hebreo, árabe e inglés, y que nació de la colaboración de esa organización y la autora de la canción.

La marcha alcanzaría su punto culminante el 19 de octubre, cuando alrededor de 4.000 mujeres, mitad de ellas palestinas y mitad israelíes, llegaron hasta Qasr el Yahud (en el norte del mar Muerto) para realizar una oración conjunta por la paz. “Quiero que sepan que en el mundo en que vivimos la paz es posible solo cuando las mujeres de integridad y fe defienden el futuro de sus hijos”, puntualizó Gbowee, según el relato del periódico El Universo en su edición del 14 de marzo pasado.

El poder de la oración siempre ha sido potente en todas las religiones para imprecar de la gracia divina sus favores, o que cese su castigo. En este caso que ilumine la inteligencia y el corazón de los líderes de los países en conflicto para que oigan las clamantes voces de las madres que no resisten ya ver morir a sus hijos en una guerra fratricida que parecería no tener fin.