Columnas

Fundamentalismo antimusulmán

"El fundamentalismo islámico no puede ni debe racionalmente ser enfrentado por otro fundamentalismo antiislámico o de cualquier cuño..."

Parecería simple sentido común saber que un fundamentalismo religioso no debe ser combatido o contraatacado por otro fundamentalismo, aunque se arrope de cultural. La libertad de credo o religión no puede atropellar el respeto por otro credo o pensamiento político o social (religioso en el caso) pues los musulmanes son mucho más fieles a su credo religioso que los cristianos, católicos o evangélicos. Que el semanario francés Charlie Hebdo, por su autocalificación de satírico pretenda regirse por otro código poco respetuoso de la ética y comportamiento cultural común, no lo dota de patente de corso para cometer atropellos, lo que no parece haber sido entendido por el presidente francés Macron, al querer poner bajo el amparo de la libertad de expresión lo que él, como funcionario francés culto, está obligado a saber; no lo ha entendido o finge no entenderlo. Lástima, porque el fundamentalismo musulmán que protege aún bárbaramente sus creencias sí lo ha hecho y no por razones de gobierno como Macron, sino por espontáneos e incontrolables actos individuales de fanáticos islamitas que no toleran que se haga fisga de sus símbolos religiosos. Los resultados están allí: 12 muertos de la planta editorial del semanario Charlie Hebdo y luego la del desaprensivo profesor francés que como material didáctico accedió a mostrar a sus alumnos las caricaturas de Mahoma. Pero el semanario sigue en sus trece y publica esta semana una nueva caricatura insistiendo en burlarse del islam, tomando como pivot la figura del presidente turco Erdogán, en calzoncillos, quien indignado responde amenazando con sanciones diplomáticas a Francia. Paquistán ya reaccionó antes boicoteando la compra de productos franceses. Las consecuencias las sentirán los pueblos y empresarios franceses más que su gobierno. Pero nuestro réquiem es más por la cultura francesa, puesta al filo del despeñadero por el fundamentalismo antimusulmán de Macron. El fundamentalismo islámico no puede ni debe racionalmente ser enfrentado por otro fundamentalismo antiislámico o de cualquier cuño, porque estaremos condenados a dar vueltas sin término repitiendo los mismos errores que han llenado de inequidad, crueldad y miseria la historia de casi todos los pueblos del mundo.