Columnas

EE. UU. Medicare para todos

'Y es que en el país símbolo del capitalismo y del poderío económico, la salud no es un derecho de sus habitantes en general sino solo de quienes, cumplidos determinados requisitos, han llegado en su mayoría de edad al límite de la senectud o vejez'.

En entrevista del periodista Jorge Gestoso a la joven activista norteamericana Melinda Saint Louis y trasmitida a través de Telesur la noche el de abril, ella, quien representa y/o lidera el movimiento pro Medicare para Todos, nos da a conocer de primera mano el real impacto de la epidemia de Covid-19 (coronavirus) en su país, que con 14.262 fallecidos y un cuarto de millón de contagiados, lidera hoy en día el número de muertos por la epidemia, en considerable parte debido a la tardanza del presidente Trump en disponer las medidas de precaución señaladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la principal, la restricción de la movilidad humana (quedarse en casa), privilegiando los negocios sobre la salud de la población.

Y es que en el país símbolo del capitalismo y del poderío económico, la salud no es un derecho de sus habitantes en general sino solo de quienes, cumplidos determinados requisitos, han llegado en su mayoría de edad al límite de la senectud o vejez, otorgándoles entonces el Estado las tarjetas Medicard, para acceder gratuitamente a esos servicios médicos. El resto de habitantes, que desde luego son la mayoría, se ven obligados a recurrir a aseguradoras privadas para obtener la cobertura de esos servicios. El llamado Obamacare, en tiempos de Barack Obama ayudó por lo menos a pagar el costo de los seguros médicos privados, pero fue derogado por Trump al comienzo de su mandato.

En EE. UU. millones de personas han perdido su trabajo y se calcula que unos 35 millones perderán sus seguros médicos a consecuencia del alto valor de las planillas de esos servicios. “Utilizar esta crisis para mejorar el sistema de salud“, advirtió y recomendó ya Bernie Sanders, el candidato presidencial demócrata favorito de los jóvenes, que se retiró de la contienda. Pero la soberbia y prepotencia de Trump, en lugar de hacerlo o presentar algún proyecto de ley al Congreso en ese sentido, lo llevan al fácil extremo de pretender culpar a China de haberse demorado en advertir al mundo el comienzo y real alcance de la epidemia y disponer provisionalmente la gratuidad de las pruebas para determinar si una persona está contagiada o no de Covid-19. Y pretender, desde luego, ser reelecto en noviembre al solio presidencial.