Manejar la incertidumbre

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Manejar la incertidumbre

"Tan abrumadores son los hechos que estamos enfrentando y aún no termina la primera semana de 2021"

Estamos viviendo una época de lo absurdo, en la que se considera bueno lo malo, en la que las “verdades” se distorsionan y acomodan a conveniencia, y con cinismo se las difunde e impone como lógicas y normales. En que lo inverosímil es la realidad. Una época de confusión, miedo, enfrentamiento, de pragmatismo sin sustento, de líderes sin credibilidad. De lo incierto. Estamos dejando atrás los tiempos de la cordura, de la sensatez, de la prudencia. Y el cambio se está dando en medio de un torbellino de caos político, de enfermedad, de debacle económica, de descaro.

El año que pasó fue de una dureza indescriptible, marcó a la humanidad. Sin embargo, el que empieza aparentemente sigue el mismo camino. Tan abrumadores son los hechos que estamos enfrentando cuando aún no termina la primera semana de 2021, que ya circula en redes un video en el que alguien declara que ha vuelto a la bebida porque entre la nueva cepa de COVID, la ola de frío que enfrentan en Europa y el asalto al capitolio, en tan solo 7 días de lo que va del año, ya hasta ha empezado a echar de menos al 2020.

Resulta complicado no preocuparse ante tanto evento desafortunado pero es lo que nos ha tocado vivir y debemos aprender a manejar la incertidumbre. La homilía del padre Santiago Martín de la orden Franciscanos de María del 7 de enero hacía referencia a la forma en que San Agustín se condujo frente a acontecimientos similares. Él relata que el santo, al enterarse de que Roma había sido saqueada por los ostrogodos, pudo vislumbrar que se avecinaba el final de una época, de un estilo de vida, de una forma de gobierno. Fue el inicio de la caída del Imperio Romano. Y San Agustín lo pudo llevar elevando su mirada al Cielo, centrándose en la fe.

La desconcertante transición que enfrentamos puede desalentarnos y llenarnos de temores al no poder ver una solución cercana a la pandemia, o al cuestionarnos si sobrevivirá la democracia, sin certezas sobre cuál será el rumbo de la humanidad ante el cambio climático y tanto belicismo y descomposición moral. Nos toca mirar hacia arriba. Que cada cual abrace sus creencias y se aferre a ellas para resistir.