Columnas

Crueldad viral

Penosamente esta crueldad insensata es una conducta cada vez más frecuente y amerita mucha reflexión.

Un ‘sticker’ con la primera víctima de coronavirus en el país invitando a tomarse unas cervezas -cuya marca es similar al nombre de la epidemia- llegó a uno de mis chats. Luego recibí un meme en el que los familiares de la señora contagiada aparecían junto a ella con calaveras en lugar de sus rostros, y después, la misma foto, con toda la familia en el aeropuerto y la figura de la paciente encerrada en un círculo para destacarla. Sin duda quienes los hicieron rebosan creatividad, y son muy rápidos para reaccionar y obtener información actualizada, pero demuestran gran falta de humanidad. Hay gente que se rió al verlos y que los difundió de inmediato, “viralizando” el ‘sticker’, el meme y la foto, pero al menos en los grupos en los que participo saltaron las protestas ante tanta crueldad.

¿Qué pasa con las personas que irresponsable e insensiblemente son capaces de reírse a costa del dolor ajeno, enviando y reenviando este tipo de contenidos? ¿Tienen las redes sociales el mismo efecto de despersonalización del individuo que ofrecen las masas y que lleva a quienes se pierden en ellas a actuar incluso salvajemente?

No es un comportamiento aislado lo ocurrido. Ya circuló el mes pasado un video en el que una mujer se desnudaba en un centro comercial en Guayaquil y escapaba de los policías que intentaban detenerla. Quien filmó el hecho no dudó en pasarlo a sus contactos a través de sus cuentas en redes sociales y se volvió viral, pero… ¿pensó acaso en algún momento en ayudar a esa persona que obviamente no estaba en sus cabales?

Tras las víctimas de estas “ocurrencias” y “primicias” hay seres humanos y familias, que adicionalmente al sufrimiento que ya experimentan tienen que padecer la vergüenza por el vejamen a que son sometidos por estos creativos geniales pero despiadados y por reporteros anónimos desalmados. Tal vez cuando ellos sean los protagonistas y los objetos de las burlas serán capaces de entender el daño que causan y que no alcanzan a dimensionar. Penosamente esta crueldad insensata es una conducta cada vez más frecuente y amerita mucha reflexión.