Columnas

Sanguijuelas en el poder

"La pandemia fue un elemento más que agravó la anémica economía nacional, desangrada por la corrupción"

Ecuador, país caracterizado por la calidez de su gente, económicamente estancado por gobiernos parásitos que cual sanguijuelas extraen los recursos de ricos y pobres para enriquecerse en el poder.

La pandemia fue un elemento más que agravó la anémica economía nacional, desangrada por la corrupción, la anarquía izquierdista con sus protestas callejeras, caotizando ciudades y carreteras a punta de vandalismo disfrazado de protesta social.

Los esfuerzos realizados por trabajadores y empleadores para sostener los trabajos reduciendo jornadas y remuneraciones resultan inútiles cuando el Gobierno desangra la economía con impuestos a los servicios de plataformas digitales, cobrando impuesto a la renta anticipado y cuando nada hace por rectificar en el cobro injustificado y excesivo de los servicios básicos. Total, la sociedad está acostumbrada al garrotazo y a que sus reclamos queden en nada. Total, nada pasa. Es que nada pasa cuando se trata de recuperar los fondos producto de la corrupción. Mucho ruido con juicios distractivos pero que resultan ser como la bofetada pública al muchacho malcriado que tomó lo que no le pertenecía, pero no se le exige su devolución. Eso también es corrupción, alcahuetería y desfachatez.

La falta de liquidez en una economía es como la anemia en la persona. Los países con economías en crisis necesitan recursos frescos, al igual que la persona anémica necesita pintas de sangre.

Si a la economía en crisis se le sigue mermando recursos, colapsará, al igual que colapsa y agoniza el anémico al que se lo desangra. Es así como ha colapsado el servicio de salud con médicos impagos, la educación con maestros impagos, los burócratas con salarios atrasados; se “rebuscan” el día generando dificultades para vender facilidades; y luego se llenan la boca con aquello de la lucha contra la corrupción.

Resulta incongruente que cualquier individuo que haya caído en central de riesgo sea casi un proscrito, económicamente hablando, y que un pillastre pueda hasta ser reelegido para manejar fondos públicos y seguir desangrándolos, cual sanguijuelas en el poder.