Columnas

Repudio popular

"Todos quieren salvar la economía, luchar contra la corrupción, generar empleo, pero pocos dicen, con qué modelo y menos aún cómo harán para recuperar lo robado"

En la actualidad los movimientos en el tablero político nacional son inesperados, se podría decir que responden a acciones desesperadas por llegar al poder. Unos para ver si burlan la justicia, otros para intentar arreglar su economía saliendo de la chirez a cuenta de los fondos públicos, otros por inflar su ego incorporando a su hoja de vida “presidente de la república”; mientras los votantes indecisos aquellos del “que chu...”, jugarán a la ruleta rusa con el futuro del país al sufragar; total, ya jodidos estamos.

Todos quieren salvar la economía, luchar contra la corrupción,  generar empleo, pero pocos dicen, con qué modelo y menos aún cómo harán para recuperar lo robado. En resumen, viva la impunidad y la improvisación. Hablan de gratuidad en un país económicamente en soletas, donde ha quedado claro que nada es gratis y que la cuenta de la corrupción la pagamos ricos y pobres, mientras los corruptos gozan del dinero mal habido con el aplauso de compinches e ilusos que los apoyan con la esperanza de que algo les toque.

Se anhelan nuevos rostros que den un baño de dignidad a la política, sin embargo el organismo electoral está envuelto en las sombras de desconfianza, politización y parcialidad notorias ante lo burdo y descarado de sus acciones.

Hoy, quienes están prófugos, juzgados y sentenciados por la justicia, autodeclarados perseguidos políticos, intentan reforzar dicha falsedad esgrimiendo que se les impide su participación en el proceso electoral, cuando la realidad es que el impedimento es legal, judicial y no por acto político de gobierno.

Una vez más, estos lobos vestidos de borregos intentan cuentear al pueblo victimizándose en su intento de recuperar el poder y hacer tabla rasa de la justicia para seguir esquilmando los recursos públicos.

A esos indignos, farsantes, delincuentes, hay que castigarlos rechazando públicamente sus candidaturas por redes sociales, para no hacer de estas elecciones un suicidio político, transformándolo en pena de muerte política para los corruptos, merecedores únicamente del desprecio, repudio popular y sepultura en las urnas.