Columnas

Morosos morales

Moroso en la generación y aplicación de políticas que logren una real y efectiva reactivación económica y social.

Moroso es quien se demora o desarrolla con lentitud, definición plenamente aplicable al poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Para empezar, el Ejecutivo  se encuentra en mora en la seguridad ciudadana y sistema penitenciario, los cuales, al parecer, están en manos de mafias delincuenciales ampliamente reconocidas por su accionar violento.

Moroso en la generación y aplicación de políticas que logren una real y efectiva reactivación económica y social. Moroso con los municipios, prefecturas, maestros, FF. AA.; etc.

Moroso en salud por la falta de implementos de protección para el personal que lucha en primera línea contra la pandemia; por la falta de pago de estos y de los prestadores privados de salud pertenecientes a la red nacional, en cuanto al pago de las atenciones que, en la mayoría de los casos, tiene más de un año de morosidad. Pero es la cereza del pastel el reparto de los hospitales y los negociados de los insumos médicos en poder de una mafia, que al inicio del gobierno se llenaba la boca de insultos y acusaciones, pasando luego a silenciarse, cuando se llenaban los bolsillos con el billete de los negocios de adquisiciones hospitalarias.

El Legislativo, se encuentra en mora de generar leyes que den seguridad ciudadana, que permitan la recuperación de lo atracado por los socialistas revolucionarios de Correa, Moreno y sus secuaces.

El Judicial se encuentra en mora de cumplir su función alejado de empatías políticas o de intereses económicos, cuando juzga por delitos menores, en lugar de hacerlo por delitos mayores, como si de un juego de monopolio judicial se tratara, “cobrando al pasar por la salida”. Porque una placa a la entrada de Carondelet, con la leyenda “los dineros del pueblo son sagrados”, resulta inocua si no se le pone el nombre y rostro. La leyenda debería ser “corrupto” y la placa puesta bajo el cuadro del funcionario condenado por tal delito.

La clase política se ha convertido en la gran morosa moral, así lo demuestra la aceptación ciudadana de un 3 %, cuya lectura no es otra que desprecio a la política y a los políticos, los grandes morosos morales.