Columnas

El espejismo de la persecución

Desde que el presidente Guillermo Lasso empezó a armar su gabinete y a nombrar colaboradores, las redes sociales han sido inundadas de reclamos contra algunos de los designados, identificados como “correistas”, exigiendo los dueños de las diversas cuentas su destitución inmediata.

Si bien es cierto que por mérito propio el correísmo se ganó la imagen de organización delincuencial, no es menos cierto que no todos los que trabajaron honradamente en dicho período, pueden ni deben ser asimilados como delincuentes; sería como etiquetar a todos los clérigos católicos como pedófilos por los actos reprochables de pedofilia, realizados por un número minoritario del clero.

Desde que el expresidente Lenín Moreno declarara que la mesa no estaba servida, luego de lo cual se destapó la información sobre los actos de corrupción de algunos miembros del gobierno correísta, permitió a la justicia iniciar los correspondientes procesos penales en contra de tales delitos, enjuiciando a los exfuncionarios involucrados en dichos ilícitos.

Iniciados los juicios, los correístas involucrados, empezando por el expresidente Correa,  empezaron a sembrar en el inconsciente nacional e internacional la teoría de la persecución política, teoría que reforzaron reactivando los ‘troll centers’, esta vez para a través de lo que podríamos denominar como una especie de “linchamiento mediático”, atacar a los que identifican como supuestos “correístas puros y duros” en el presente gobierno, exigiendo su destitución inmediata, afianzando así, de hecho, la teoría de la persecución política, aplicando la estrategia del espejismo, tal como lo hicieran los nazis el 1 de septiembre de 1939, cuando disfrazados con uniformes polacos, atravesaron la frontera y dispararon contra su propia frontera, desde territorio polaco.

Debemos ser muy cautelosos en cuanto a no caer en el juego del espejismo. Solo así quedará en claro que no se trata de persecución política alguna, ni discriminación; que de lo que se trata es de juzgar los delitos, sentenciar a los delincuentes y combatir la impunidad frente a la corrupción.