Modesto Gerardo Apolo | Los deprimidos, ¿para cuándo?
Ecuador inicia 2026 con orden fiscal, pero sin una ruta clara de crecimiento
El inicio de 2026 encuentra a la economía ecuatoriana en un delicado equilibrio. El Gobierno de Noboa ha optado -con alta probabilidad- por mantener el IVA en 15 %, una decisión fiscalmente comprensible ante un déficit proyectado de USD 5.413,8 millones y la ausencia de ingresos transitorios como la Contribución Temporal de Seguridad. Sin embargo, esta estabilidad macro, sostenida por impuestos altos y financiamiento externo, plantea dudas reales sobre las perspectivas de cuándo mejorará la economía de los sectores económicamente más deprimidos; trabajadores de la construcción o en áreas de alimentos y bebidas, etc.
Para estos sectores, la continuidad de un IVA elevado implica una demanda contenida y menor capacidad de recuperación.
El balance de 2025 fue claro: se evitó una crisis fiscal, pero no se generó crecimiento inclusivo. Los avances en exportaciones no petroleras y el acceso a crédito para Pymes no lograron traducirse en empleo sostenible ni en dinamización territorial. La inseguridad, además, sigue siendo un impuesto silencioso que castiga a pequeños productores, comerciantes y emprendedores.
Para 2026, las perspectivas de estos sectores son de estancamiento prolongado. Sin reformas estructurales -ampliación de la base tributaria, eliminación de exenciones ineficientes, reducción del gasto improductivo (burocracia), y mejora real en la recaudación- el modelo seguirá descansando sobre un consumo debilitado y una presión fiscal regresiva.
La clave está en acompañarlo con políticas compensatorias: incentivos productivos focalizados, inversión pública eficiente, alivios tributarios temporales para sectores estratégicos y una lucha efectiva contra la informalidad. De lo contrario, la estabilidad macro seguirá conviviendo con una economía real deprimida.
Ecuador inicia 2026 con orden fiscal, pero sin una ruta clara de crecimiento. Para los sectores más golpeados, el mensaje es contundente: la economía no empeorará, pero tampoco mejorará de forma significativa. La estabilidad, por sí sola, ya no alcanza.
Lo que nos lleva a preguntar: ¿y los deprimidos, para cuándo?