Echando el reto

  Columnas

Echando el reto

La toma de la capital de la República y bloqueo de carreteras en la región interandina desde la época del expresidente Rodrigo Borja; y los derrocamientos de Jamil Mahuad y del loco que ama, Abdalá Bucaram, fueron para la Conaie la catapulta al quehacer político; al punto de creerse con el derecho de autoproclamarse representantes de todos los ecuatorianos.

Luego de que la Constitución de Montecristi les otorgara ciertos privilegios, como el reconocimiento de la justicia indígena, un sistema ancestral de justicia, paralela al convencional, cuya práctica muchas veces raya en violación a los derechos humanos y lesiona la dignidad de las personas; sin embargo es justificada, generando, en la práctica, una minoría privilegiada (14 % de la población ecuatoriana), en razón de la tan cacareada pluriculturalidad y plurinacionalidad.

Lo cierto es que alguna dirigencia de la Conaie, desde el inicio del gobierno de Lenín Moreno y hoy con el gobierno del presidente Guillermo Lasso, procuran convertir en títere al Ejecutivo y dirigir al país a la fuerza, a punta de movilizaciones, paros y amenazas, radicalizando su accionar desde la Asamblea al obstaculizar cualquier proyecto que no responda a su modelo; actitud caprichosa, que va incluso en contra de lo que la mayoría ciudadana pudiera estar requiriendo.

Este intento de bicefalia en el ejercicio del poder por parte de la Conaie, atenta contra la estabilidad política, jurídica y económica del país, ya que nadie invierte en un monstruo de dos cabezas, a menos que sea promotor de espectáculos circenses y para eso ya bastante tenemos con los deplorables espectáculos vistos en la Asamblea.

Si la Conaie quiere gobernar, que asuma el reto de convocar una consulta popular, para con sus municipalidades y prefecturas, con base en la hidrografía, conformar una región autonómica fundamentados en los preceptos del artículo 244 de la Constitución.

Asuman el reto y demuestren con resultados su capacidad o incapacidad para dar mejor vida y prosperidad a su pueblo; o por el contrario, llevarles miseria y represión. El reto está echado.