Columnas

El domingo 7

Las redes sociales crearon nuevas comunidades, aquellas cuyo objetivo en común es la diversión.

Los resultados de la primera vuelta electoral parecieran ratificar aquello de que el domingo 7 se presentan hechos, situaciones o resultados adversos a lo que se esperaba.

Pese a que los candidatos de los partidos tradicionales centraron el discurso en  el desempleo, la inseguridad, la pobreza, etc., rematando con la amenaza de llegar a ser Venezuela y perder la dolarización, apelando a la razón, vía temor del votante, el mensaje no caló en los sectores populares, donde muchos de sus integrantes viven como en Venezuela, sin trabajo, con escasa comida, con inseguridad rampante, perdiendo la amenaza su eficacia para el ecuatoriano pobre.

Por cada 35 personas de 50 años en adelante hay 100 en el segmento entre 16 y 50 años (milenials y centenials). Siendo así es comprensible que dichos electores se engancharan con los mensajes simples de esperanza, comunicados por redes sociales, de Yaku y Hervas en Tík Tok, utilizando la técnica del espejo, haciendo que el elector se vea reflejado en el candidato, generando así más atención en la persona que en el mensaje profundo o en el análisis complejo.

Las redes sociales crearon nuevas comunidades, aquellas cuyo objetivo en común es la diversión, la exposición individualista de contenido intrascendente elevado a la máxima expresión; considerando en estos tiempos a los partidos tradicionales, sus políticos de la vieja guardia y sus estrategias del siglo pasado en caducos.  

El electorado quiere renovación de las figuras, prácticas y estrategias políticas; ese fue el mensaje del voto popular del domingo 7 de febrero, transformado, haciendo un símil, en una suerte de referéndum subliminal, para que la partidocracia y sus representantes se jubilen del activismo político caduco.

No cabe duda que el mensaje simple y conciso tipo Twitter conectó, hizo “link” con el  votante milenial o centenial, desplazando las estrategias tradicionales, los principios éticos, la racionalidad convertida en intrascendente, cuando se apela a lo emocional; solo así podemos entender los resultados de la primera vuelta, los cuales son dignos de un domingo 7.