Modesto Apolo: ¿Caída del líder, caída del régimen?
El autoritarismo muere cuando coinciden justicia real, instituciones y ciudadanos libres
La caída del líder no es la caída del régimen.
En los autoritarismos socialistas latinoamericanos como el chavismo, el castrismo, el correísmo o el kirchnerismo, el poder no se concentra en la figura, se institucionaliza como sistema. Por eso personalizar el problema es un error estratégico.
Estos regímenes se sostienen sobre cinco pilares:
Primero, una ideología de confrontación permanente: no gobiernan para resolver problemas, sino para mantener vivo el conflicto, creando enemigos internos que justifiquen el control.
Segundo, acceso electoral con manipulación emocional: llegan al poder por el voto, pero se apropian de la ‘democracia’ desde dentro mediante resentimiento social, victimización y promesas inviables.
Tercero, el secuestro del Estado. Justicia, organismos electorales, fuerzas de seguridad, dejan de servir a la ley y pasan a proteger al régimen.
Cuarto, una economía clientelar, que no elimina la pobreza, la administra políticamente, transformando al ciudadano dependiente en votante cautivo.
Quinto, el tiempo con impunidad, que permite consolidar redes de corrupción, lavado de activos, narcotráfico y alianzas ilícitas internacionales.
El resultado: cuando cae el líder sin desmontar el sistema, el régimen solo muta. Venezuela es el ejemplo extremo. El chavismo mutó de movimiento político a ecosistema criminal transnacional, donde el poder está fragmentado entre actores que comparten intereses de supervivencia. Nicolás Maduro no es el chavismo, fue su administrador temporal.
La solución no pasa por ‘cortar cabezas’, sino por eliminar la raíz: deslegitimación internacional total del régimen, justicia estructural con juicios penales reales, reingeniería institucional que limite el hiperpresidencialismo y reconstrucción social basada en respeto a la comunidad, ciudadanía independiente del Estado y educación cívica.
El autoritarismo muere cuando coinciden justicia real, instituciones y ciudadanos libres.
Sin condenas ni cárcel para las estructuras de poder el régimen no cae, hiberna. Ecuador, por reproducir estas lógicas, enfrenta el mismo desafío con el correísmo.