Hasta siempre, Pancho

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Hasta siempre, Pancho

El legado de Pancho Huerta merece la gratitud nacional. Vivirá en el recuerdo inextinguible de quienes nos enriquecimos con su invariable sencillez y la profundidad de sus ideas

La muerte del Dr. Francisco Huerta Montalvo conmovió al país. Con sus inagotables inquietudes cívicas sirvió al Ecuador con claro talento, convicciones firmes, honestidad. No tengo dudas de que en lo más hondo de su conciencia se anidaba el pensamiento quijotesco de Cervantes: “más vale el buen nombre que las muchas riquezas”.

Pancho, como lo conocíamos sus amigos, fue un líder innato, auténtico, frontal, sincero. Gustaba decir lo que sentía y pensaba sin disimulos.

Su lucha por ver resplandecer la justicia, el bienestar social, la eticidad, no reñían con su probada decencia, su inalterable adhesión por las cosas buenas de la vida; disfrutaba sintiéndose humano. Orador de fuste, su palabra se encendía de vigor por ver un país más unido, con menos desencuentros, más equitativo. Seguidor de los preceptos de la Revolución francesa, sus ideales se revitalizaban en la defensa de la libertad, la igualdad, la fraternidad. Aquello lo llevó desde muy joven a ser un activo militante del Partido Liberal Radical que fundó Alfaro, del cual fue su director nacional, y cuando tuvo diferencias insuperables con la directiva del partido de esa época, como demócrata doctrinario, fundó el Partido Demócrata para mantener una trinchera de sus creencias políticas, afines a un régimen republicano de gobierno. Eso explica una de sus últimas expresiones: “nos estamos quedando sin República”, después de advertir en el año 2009 que caminábamos hacia una narcodemocracia.

Pancho poseía un conocimiento holístico de la realidad social, eso le permitió ser ministro de Salud y de Gobierno en las áreas de su pasión, salud y política. Diplomático en el rango de embajador, incursionó con notable protagonismo en actividades educativas y periodísticas con ideas lúcidas y orientadoras. Exalcalde de Guayaquil, trascendente dirigente estudiantil, su prolífico accionar lo hizo acreedor a varias condecoraciones nacional e internacionalmente.

El legado de Pancho Huerta merece la gratitud nacional. Vivirá en el recuerdo inextinguible de quienes nos enriquecimos con su invariable sencillez y la profundidad de sus ideas.