La seducción del autoritarismo

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La seducción del autoritarismo

El autoritarismo seduce, es sinónimo de poder, genera una aparente paz y seguridad al no permitir o perseguir a la oposición, lo cual a su vez genera un clima de tranquilidad al restringir libertades’.

El mundo está dividido entre quienes defienden la democracia y aquellos que creen en el autoritarismo como modelo de gobierno. Ya Platón en su obra La República advertía la debilidad de los regímenes democráticos cuando son socavados por la demagogia.

Actualmente han dejado de tener importancia los opuestos izquierda-derecha; lo que existe son 2 tendencias, la democracia representativa con equilibrio de poderes, que establece pesos y contrapesos, y el autoritarismo fundamentado en una imprecisa tesis que recoge indistintamente la lucha de clases que caracterizó al marxismo soviético o la defensa de un nacionalismo heredado del fascismo, al que han rebautizado como socialismo del siglo XXI.

Esta corriente del autoritarismo tiene como principales referentes a China y Rusia, gobernados por líderes comunistas del pasado, pero que reconocen ciertos preceptos de la democracia occidental, como procesos electorales, negocios privados, bajo el control de un gobierno fuerte que actúa utilizando al Estado a través de sus poderes: ejecutivo, legislativo, judicial, órganos de control, electorales, fuerza pública, que reprime a los medios de comunicación, subyuga a los centros de educación superior, no admite la libre competitividad; hay un control total de la sociedad marginando a quienes están en desacuerdo, y en cambio permiten enriquecerse ilícitamente a sus partidarios.

Esta situación explica que gobiernos que podrían ser considerados como de derecha, los casos de Hungría y Polonia, o gobernantes como Trump, hayan optado por este modelo de gobernar, lo cual ha radicalizado la lucha política a niveles de intransigencia que dejan poco espacio para acuerdos sensatos de gobernabilidad; la polarización es extrema y afecta incluso amistades y vínculos familiares.

El autoritarismo seduce, es sinónimo de poder, genera una aparente paz y seguridad al no permitir o perseguir a la oposición, lo cual a su vez genera un clima de tranquilidad al restringir libertades, por la imposición del grupo gobernante que decide qué se puede decir, hacer o no hacer.

América Latina sufre actualmente ésta polarización.