País fragmentado

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País fragmentado

El Ecuador sigue siendo una especie de espejo roto donde cada quien se mira en el pedazo que tiene a su lado, olvidando que es mejor unir el espejo para que todos alcancemos...

No exageran quienes afirman que la democracia en el Ecuador se está cayendo en pedazos. Las pugnas por captar parcelas de poder en la Asamblea Nacional, en la Función Judicial, la fractura interna del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, la irrefrenable inseguridad, a lo que se une la falta de acuerdos mínimos de gobernabilidad que no se han logrado en este primer año de gobierno, reflejan la fragmentación que vive el país, en el que prevalecen intereses, vanidades o agendas personales o de grupo, pero está ausente la construcción de una sólida estabilidad democrática, con objetivos definidos de mediano y largo plazo.

A ese resquebrajamiento institucional hay que agregar la virtual inexistencia de partidos políticos, que cumplen el importante rol de ser canales de comunicación entre gobernantes y gobernados. Los partidos lucen partidos, hay politiqueros que sin ningún rubor se cambian de agrupación política, demostrando que lo único que les interesa es qué consiguen para su beneficio personal. Eso explica los cambios de camiseta que se producen en la Asamblea Legislativa u organismos seccionales, demostrativo de que no existen tesis programáticas, lo cual es una falta de seriedad y respeto a la ciudadanía.

Esta triste realidad siembra pesimismo, desconfianza; crea incertidumbre. No se sabe hacia dónde vamos, solo queda observar con ira y desencanto que lo único cierto es lo incierto, que no existen en la dirigencia política principios, convicciones. Todo se reduce a pactos, ofrecimientos, engaños. El actual presidente Guillermo Lasso habla del Gobierno del encuentro, aunque en su errática gestión, carente de un proyecto coherente y definido, ha demostrado que como táctica o estrategia política se inclina por la vieja fórmula de atacar al adversario, con lo que más bien ha promovido desencuentros, sin asumir un liderazgo que cohesione intereses nacionales.

El Ecuador sigue siendo una especie de espejo roto donde cada quien se mira en el pedazo que tiene a su lado, olvidando que es mejor unir el espejo para que todos alcancemos a mirarnos en un desarrollo y bienestar compartido.