Irritante cinismo

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Irritante cinismo

No hay que cansarse de reclamar; si no se corrige lo malo es imposible esperar nada bueno a futuro.

Irrita a los ecuatorianos de bien el tsunami de atracos a los fondos públicos que ha destrozado al país. Es inadmisible que el Gobierno nombre funcionarios que no sepa quién los recomendó. Los beneficiarios del asalto están siendo identificados, exhiben cínicas coartadas al encontrar en sus casas medicamentos que adquieren los hospitales del IESS. Una “modelo” acompaña en la fuga a un pájaro de alto vuelo y no sabe dónde iba. A esa reprochable actitud se suman vergonzosos argumentos que ofenden la lógica jurídica, de abogados que se engullen jugosos honorarios extraídos del bolsillo de los ciudadanos, mientras apena ver el drama de personas que claman atención a su salud o hacen largas filas para recibir míseras ayudas del erario nacional para paliar sus apremiantes necesidades.

Ecuador está hundido en un pestilente pozo del que la red de corruptos le impide salir. Es cierto que la corrupción no es exclusiva de este gobierno, ni del anterior; en el pasado hubo escándalos que fueron repudiados, pero los montos y el descaro de estos últimos 14 años no tienen parangón histórico. Se inventan y multiplican compras en el Ministerio de Salud, IESS, prefecturas, municipios. La serie de robos que se cometen hace pasar desapercibido el que antes fue un repulsivo delito, el contrabando. Hasta el vulgar asalto a los fondos reservados es parte del archivo del olvido.

Hay que restaurar la honestidad; sin códigos de conducta que nos vuelvan confiables unos a otros es imposible el desarrollo. Ya no se sabe qué funcionario obra correctamente y cuál no, y en “río revuelto crecen los sapos”. Está de moda lo que advertía Rondelet: “ lo que antes eran vicios ahora son costumbres”.

Corresponde a la justicia sancionar culpables y recuperar el botín de miles de millones de dólares por hurtos en insumos médicos, refinerías, hidroeléctricas, carreteras, edificios judiciales, Yachay, preventa petrolera, reconstrucción y otros. Los saqueadores de dineros del IESS disfrutan orondos sus raterías. Existe hartazgo ciudadano ante tanta impunidad. No hay que cansarse de reclamar; si no se corrige lo malo es imposible esperar nada bueno a futuro.