Elecciones tensas

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Elecciones tensas

A eso se añade la monopolización por parte del Gobierno del proceso de vacunación, que debería contar con la cooperación de casas de salud y médicos privados solventes.

Ecuador acudirá a votar el próximo domingo en un ambiente tenso, con temor al contagio por la pandemia y la incertidumbre sobre el futuro del país. Los numerosos candidatos, con pocas excepciones, no han despertado el suficiente entusiasmo cívico para pensar que se avanzará hacia la construcción de un mejor país, más estable, con más unidad, mayor seguridad y bienestar colectivo, que al menos atenúe la creciente pobreza.

La vacuna que despierta alguna ilusión para superar limitaciones de movilidad y reunión, llegó en una cantidad ínfima, distante de la ofrecida por el Gobierno. Aquello genera incredulidad sobre futuras remezas, contribuyendo al desaliento de encontrar respuestas confiables a las restricciones que se viven. A esa realidad se suma la falta de un cronograma que vuelva previsible el orden en que se suministrarán las dosis, con un presidente que debió vacunarse sin disimulos y un ministro que sin la menor prudencia buscó privilegiar a personas cercanas a él. A eso se añade la monopolización por parte del Gobierno del proceso de vacunación, que debería contar con la cooperación de casas de salud y médicos privados solventes.

Se elegirá a los futuros presidente, vicepresidente, asambleístas; la mayoría ciudadana lo hará para cumplir con su obligación, otros lo harán porque tienen preocupaciones de que Ecuador siga la ruta de Venezuela, con millones de emigrantes que tratan de supervivir en las más precarias condiciones, sabiendo que su país está destrozado, no hay democracia y no se vislumbra algún futuro promisorio, salvo para el grupo apoderado de los recursos del país, apoyado por una fuerza pública comprometida, que usufructúan lo que queda del otra hora rico país bolivariano.

La angustia que sufren los ecuatorianos con crisis sanitaria, desempleo, corrupción y crimen organizado en alza, les impide pensar más detenidamente en esta atípica elección. Lo que sí existe es abundancia de ofertas retóricas, demagógicas, que solo contribuyen a dispersar el voto y a dificultar escoger al más indicado para asumir el enorme desafío que le espera. Prevalecerá un voto inducido, utilitario y poco selectivo.