El desafío de la paz

  Columnas

El desafío de la paz

Una nueva lección para la humanidad: provocar un conflicto es cuestión de una decisión unipersonal, el desafío es construir acuerdos por la paz

Nada justifica la invasión de Rusia a Ucrania, que tiene en tensión al mundo, especialmente a los países de Occidente. No es justo que gente inocente pague la ambición de poder expansionista del presidente ruso Putin, que obliga a los habitantes de Ucrania a vivir en zozobra, destruir sus familias, paralizar actividades, esconderse, refugiarse, o huir para evitar que militares rusos los ataquen por aire, mar o tierra, abusando de su superioridad armamentista. El gobierno y el pueblo ucraniano no han tenido otra opción que defender dignamente su soberanía.

Se ha pulverizado el principio de libre determinación de los Estados, se ha violado la carta de las Naciones Unidas que prohíbe anexar territorios por la fuerza. Cualquier análisis histórico, territorial, cultural, étnico, religioso, no tiene justificación, el mundo repudia la agresión a una población que desea vivir en armonía. Esta guerra nos recuerda las razones que tuvieron Mahatma Gandhi y Martin Luther King, que sacrificaron sus vidas por defender la paz.

Una nueva lección para la humanidad: provocar un conflicto es cuestión de una decisión unipersonal, el desafío es construir acuerdos por la paz, como lo quisieron en su momento líderes de la talla de Abraham Lincoln y Nelson Mandela.

Se pensaba que la alta conflictividad que caracterizó al siglo XX y que provocó dos guerras mundiales le había enseñado al mundo, después de derribar el Muro de Berlín, la conveniencia de una convivencia pacífica, respetuosa de los derechos humanos. Lamentablemente las ambiciones por el poder o el dinero obnubilan a las personas, posponen una vida tranquila por la vanidad de sentirse poderosos o influyentes.

No es aceptable la tesis de que el conflicto responde a razones de seguridad. Si ese era el propósito, había que agotar instancias diplomáticas para impedir que muera gente indefensa y que la posibilidad de la guerra escale a niveles impredecibles. El infierno que vivieron Hiroshima y Nagasaki en la II Guerra Mundial sería ínfimo frente a una eventual catástrofe nuclear.

Preocupa que la ONU no haya podido mediar en el problema; han prevalecido el lenguaje de las armas y los intereses geopolíticos.