Democracia directa

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Democracia directa

La falta de acciones y decisiones oportunas está debilitando la democracia’.

El país observa con preocupación la pugna entre el Gobierno y la oposición legislativa. La crisis moral, económica, institucional, y de todo orden que vive el país, demanda sensatez, patriotismo y unir esfuerzos para enfrentar la creciente pobreza e inseguridad imperantes. Disolver la Asamblea y convocar nuevas elecciones presidenciales y legislativas generaría más incertidumbre dada la baja credibilidad y apoyo que tiene el presidente.

Esta dura realidad demanda acciones que apuntalen la estabilidad democrática y la seguridad ciudadana, y mejoren el bienestar general. La Constitución contiene muchas opciones para efectuar cambios a través de la democracia directa. El presidente tiene la potestad de convocar consultas que le faciliten ejercer sus funciones, con la única limitante de observar la normativa constitucional, solicitando el dictamen de la Corte Constitucional. Esa posibilidad también la tienen gobiernos seccionales y ciudadanía.

Hay consultas que han quedado como meras expectativas, entre ellas, las reformas constitucionales planteadas por una comisión nacida del Consejo de Participación Transitorio (CPCCS), que busca entre otros propósitos, eliminar dicho organismo, establecer la bicameralidad, dar independencia a la Fiscalía General del Estado, pero esa reforma ni la aprueba la Asamblea ni se somete a consulta, pese a tener dictamen de la Corte Constitucional.

El CPCCS se ha convertido en la manzana de la discordia, pero nada se hace para eliminarlo o limitarle las atribuciones de designar directivos de los organismos de control, dejando la pugna a nivel de quien lo controla.

Utilizar la democracia directa permite incluso reformar totalmente la Constitución convocando una Asamblea Constituyente, que puede proponerla el presidente de la República, lo cual viabilizaría cambiar la estructura organizativa del Estado, pero más bien se sugiere el atajo de consultar poner en vigencia la Constitución de 1998, lo cual no es viable; eso podría decidirlo la Constituyente pero previamente hay que elegirla.

La falta de acciones y decisiones oportunas está debilitando la democracia.