Columnas

En defensa del ferrocarril

No comparto ese criterio, lo considero un servicio y una inversión rentable.

El Ecuador, que lamenta la muerte de algunos miles de sus habitantes por el COVID-19, también cubre de luto su historia por la posible extinción de su ferrocarril. Esta constituye una obra emblemática, un símbolo de la unidad nacional, Su construcción no solo facilitó el traslado de personas y bienes, fue básicamente concebido como medio de unir las distintas regiones de la patria.

Eloy Alfaro con su clara visión conocía muy bien que somos un país diverso, sabía de las dificultades de comunicación entre ecuatorianos; por eso puso todo su empeño y dedicación para vencer obstáculos y entrelazar Costa, Sierra, Austro, Amazonía, a través de una red de líneas férreas.

La eliminación de la empresa de ferrocarriles llegó justamente en vísperas de recordar la gesta del 5 de Junio de 1895, fecha que dio inició a la más fructífera transformación del Ecuador en su vida como República independiente. El presidente Carlos Julio Arosemena Tola lo declaró día de celebración cívica nacional, un mes de junio de 1948. Penosamente estas fechas de gran valor en el calendario nacional han dejado de conmemorarse con el fervor patriótico de antaño; ahora son días comodines para puentes vacacionales. El Gobierno en la improvisada búsqueda de ahorrar recursos públicos, aprovechando el estado de excepción, ha considerado al ferrocarril como un gasto insostenible. No comparto ese criterio, lo considero un servicio y una inversión rentable. Su costo-beneficio es favorable si se advierte la circulación de riqueza que genera, aun en la situación a la que lo redujo el anterior gobierno como medio de transporte turístico. Es posible que haya una negligente administración como generalmente acontece con las empresas públicas, en las que se gasta dinero ajeno sin control; eso habría que corregir. Surge el interrogante ¿cómo en los países desarrollados los ferrocarriles siguen funcionando y modernizándose?

El país está consciente de que hay entidades públicas innecesarias, superpuestas, creadas para atender clientelas electorales, señaladas por varios analista; es ahí donde debe reducirse el gasto fiscal.