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Mauricio Velandia | Un think tank para el nuevo libre mercado

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Produce marcos conceptuales y estructuras de pensamiento que terminan convirtiéndose en soporte de decisiones de Estado

Hace unos años en Washington se consolidó un núcleo de pensamiento que terminó teniendo efectos directos sobre la política económica de Estados Unidos. El Claremont Institute comenzó a incubar una lectura crítica del libre comercio global, del debilitamiento industrial estadounidense y de la necesidad de reconstruir poder económico desde el Estado. En sus seminarios se debatían aranceles, soberanía productiva, relocalización manufacturera y seguridad nacional económica, entendiendo la economía no solo como eficiencia, sino como geopolítica. Ese espacio no operaba como academia convencional ni como política opinadora. Era formación de cuadros de filosofía política aplicada al poder, cruzada con economía estratégica, historia, doctrina y diseño institucional. Varios de sus miembros ocupan hoy en día posiciones dentro de la administración Trump, convirtiéndose en arquitectos del proteccionismo industrial selectivo. Desde allí dieron coherencia técnica a un giro del libre mercado entendido en clave de soberanía productiva.

Eso es un think tank. Un think tank fue capaz de incubar esta transformación. Ese es, precisamente, su poder real. No produce titulares; produce marcos conceptuales y estructuras de pensamiento que terminan convirtiéndose en soporte de decisiones de Estado. Opera lejos del debate superficial y más allá de los dogmatismos teóricos que congelan la discusión económica en polos ideológicos estériles.

China entendió lo mismo, pero desde otra lógica. Allí los think tank no operan desde fuera, sino dentro del engranaje gubernamental y alineados a la planificación del Estado. Instituciones como la Chinese Academy of Social Sciences o el Development Research Center of the State Council diseñan política comercial, industrial y energética con visión de décadas, funcionando como salas permanentes de planeación estratégica. Sin embargo, cuando el pensamiento se aparta de la línea oficial, el sistema reacciona. El caso del Instituto Unirule, un centro de economistas liberales que promovía reformas promercado y reducción del peso estatal, terminó cerrado. China fomenta think tanks, pero dentro de los márgenes de la arquitectura económica estatal de un modelo de soberanía productiva.

América Latina necesita, con urgencia, un think tank del nuevo libre mercado, independiente, anclado en la soberanía productiva, que no milite gobiernos ni reproduzca burocracias universitarias o periodismo acomodado.

La reciente decisión arancelaria adoptada por el gobierno ecuatoriano frente a Colombia constituye un error de cálculo estratégico. Imponer gravámenes extraordinarios a un socio del cual depende el respaldo energético en momentos críticos no fortalece la soberanía productiva: la pone en riesgo. Ecuador viene de atravesar episodios de racionamiento eléctrico y mantiene una estructura deficitaria en generación. Tensar la relación comercial con uno de sus principales soportes energéticos introduce incertidumbre sobre un bien crítico para la estabilidad económica. La retórica arancelaria puede ser un suicidio económico para el país.

Gobernar no es hacer lo que te da la gana… Es responder por lo que haces.

Por eso existen los think tanks. Para decirle al poder lo que el poder no quiere oír, antes de que el país pague sus errores. Un think tank es un actor de poder.