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Martín Pallares | El Rasputín de Cayambe es el que manda

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Alarcón le debe el cargo a Godoy, quien lo nombró ilegalmente; Torres le debe el empleo de su esposa a Godoy...

Se sabe que el colapso del régimen zarista y la llegada del comunismo en Rusia se debieron, en gran parte, al hecho de que un oscuro y siniestro personaje, Grigori Rasputín, se convirtió en el verdadero gobernante del país, mientras el zar Nicolás II no era sino un figurín cuyo poder era meramente simbólico. Por motivos más emocionales que políticos o de gestión -el personaje de marras controlaba la hemofilia del zar-, Rasputín era quien colocaba funcionarios y jueces, y quien condicionaba las políticas del imperio. No firmaba leyes ni daba órdenes directas, pero su influencia sobre el zar y, sobre todo, sobre la zarina Alejandra Fiódorovna, era tan grande que en Rusia se formó la idea de que el verdadero poder era él. Eso provocó el desmoronamiento del gobierno.

Pues bien, parece haber llegado el momento de plantearse la posibilidad de que quien verdaderamente ejerce el poder en el Ecuador no sea el presidente Daniel Noboa, sino el Rasputín criollo, de Cayambe para ser precisos. ¿Quién otro podría ser ese sino Fausto Jarrín? La razón para pensar que Jarrín es el Rasputín ecuatoriano está en su absoluto dominio y control de los cuatro organismos que son los únicos realmente operativos en el Estado, incluyendo a los ministerios que, se nota a leguas, no hacen absolutamente nada. Estos son la Contraloría, de Mauricio Torres; la Fiscalía, de Carlos Alarcón; el Consejo de la Judicatura, de Mario Godoy; y el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs), de Andrés Fantoni. Todos ellos funcionarios fantoches, absolutamente sumisos al Rasputín de Cayambe y que, además, se deben favores inconfesables los unos a los otros.

¿Favores? Alarcón le debe el cargo a Godoy, quien lo nombró ilegalmente; Torres le debe el empleo de su esposa a Godoy y el de su hermana a Alarcón; y todos le deben a Fantoni que se les haya permitido llegar a donde están. Y eso que Jarrín perdió la presidencia de la Corte Nacional de Justicia, donde tenía a José Suing.

Como Noboa prefiere el vértigo del snowboard, el boato del poder y el rendimiento de las empresas de la familia Noboa a las miserias de la política, tiene a Jarrín para que le mantenga el orden en el patio. Y, a cambio de eso, le ha cedido el poder. ¿Al Ecuador le pasará lo que a Rusia por tener un Rasputín? El riesgo está ahí, en todo caso.