Columnas

Modelo flexible

"Es imperioso reconocer que el mercado laboral tiene muchas necesidades y que la regulación debe atenderlas".

Es un tema delicado y debe ser manejado con mucho respeto. Aquel que habla de las remuneraciones ajenas desconoce la cantidad de empeño que cada individuo le mete a su trabajo, desconoce el esfuerzo que cada individuo hace o no en la gestión de su puesto dentro de una organización, así como también se desconocen las realidades de quienes generan esos puestos de trabajo. Como siempre, la historia tiene varias caras.

La pandemia volvió urgente la necesidad absoluta de moverse para producir, léase moverse como una metáfora al movimiento que genera ingreso económico. La rigidez de la legislación laboral produce un índice de empleo adecuado que está lejos de ser óptimo; la carga laboral de liquidaciones estancó las posibilidades de contratar con mayor soltura, convirtiéndose en una barrera para los emprendimientos. La ley -mal llamada humanitaria- presenta la oportunidad de ponernos de acuerdo en que no podemos frentear la crisis con una mente rígida. Es imperioso reconocer que el mercado laboral tiene muchas necesidades y que la regulación debe atenderlas. El trabajo necesita un espacio para multiplicarse y la reactivación económica poscuarentena es un desafío mayor, donde la creatividad es clave para encontrar soluciones. Los escándalos de corrupción solo vuelven el momento más amargo y todo lo relacionado al Estado vive un déficit de credibilidad.

El Gobierno nacional anunció medidas de recorte de $ 4 mil millones, anunció la jornada especial laboral para empleados públicos, cambios en la aplicación al subsidio de combustibles, liquidación de empresas públicas, entre otras, que ponen a prueba la fe ciudadana en la forma y plazo en que estas medidas se llevarán a cabo. En ese sentido, no se eliminó la Secretaria Anticorrupción, que mucho se aduce duplica funciones y pocos resultados vemos. El Estado funciona a una velocidad y los privados a otra, pero ambos coinciden en que las necesidades apremian. La rigidez del modelo que nos llevó a la crisis fiscal previa a la crisis sanitaria no debe imperar en el criterio al implementar soluciones para la situación actual.