Columnas

Orgullo

"lo más importante es reconocer a gente ecuatoriana que ama por encima de la diversidad cultural y de pensamiento, que nos provoca esa sensación que aún vale la pena vivir sintiéndonos orgullosamente humanos"

Interesante que al pie de la palabra que titula este artículo se ponga lo que nos da satisfacción, plenitud, alegría e identidad; y además esa sensación de libertad, de sentirnos libres en tal dimensión, que cada persona que se sienta orgullosa de ser como Dios lo ha creado, sin ocultarlo ni maquillarlo.

En los últimos años, esta palabra la relacionamos con ser gay y, contradictoriamente, en una era en la que aún hay gente que piensa que ser o tener un familiar gay es una vergüenza, algo del que no se puede hablar y que hay que esconder, olvidándose que ser gay o no, es solo parte de la esencia de lo que somos.

¿Entonces, por qué usar “Orgullo”? Por tanta discriminación que a cierta gente las llevó a tapar su esencia. No se aceptan, y en varios casos, los convierten en jueces moralistas de la sociedad, incluso envueltos en fundamentalismos religiosos, por culpa de la homofobia que, dentro de sí, experimentan consigo mismo.

Mujeres que no pueden aceptarse, que piensan que la maternidad es solo una opción y que eligen zambullirse en la investigación científica y desarrollo profesional.

También nos tocó vivir discriminación por nuestra nacionalidad, por ser del sur, indios y mestizos. Pero el tiempo pasa y nos ha permitido levantar en cabeza para valorar a nuestros ancestros. Prueba, por poner un ejemplo, es Nemonte Nenquimo, líder waorani, que se ubica entre las 100 personas más influyentes por su lucha ambiental y es la presidenta del Consejo de Coordinación de la Nacionalidad Waorani, Pastaza. Su tenacidad obtuvo un triunfo judicial en contra del Estado ecuatoriano, garantizando la protección del espacio ancestral de su comunidad.

El tiempo nos permite reconocer a Loja como una ciudad que compite entre las más sostenibles del mundo. Cuenca, Quito, islas Galápagos, cada uno de nuestros rincones son un tesoro.

Frutos, medicina ancestral, madera, banano, camarón. Mucho, de bastante. Pero lo más importante es reconocer a gente ecuatoriana que ama por encima de la diversidad cultural y de pensamiento, que nos provoca esa sensación que aún vale la pena vivir sintiéndonos orgullosamente humanos.