Columnas

Luchemos bien

'Toca pensar también que el coronavirus viene acompañado de componentes emocionales individuales y sociales'.

Aproximadamente hace treinta años que el VIH empezó a llevarse a nuestros semejantes, y aún no tiene vacuna. Según la Red de Pruebas de Vacunas contra el VIH (HVTN), el VIH sigue siendo la pandemia que contagia a cinco mil personas diarias, hasta el año pasado.

¿Y por qué no hay vacuna? En resumen, se trata de un virus que muta y se reproduce demasiado rápido. La tuberculosis y malaria también siguen dañándonos.

A la familia peligrosa de los virus se sumó el coronavirus, y al igual que sus parientes, es objeto de investigación. Pero una vacuna no es algo que se consiga de un día para otro, ni de un mes, ni años. Conseguirla debe constituir un compromiso para prevenir la salud de las próximas generaciones.

Vivimos en una guerra, atacados por un enemigo invisible. No provoquemos una envestida en contra nuestra; quedémonos en casa, en nuestra trinchera, la que nos debe recordar lo que somos y por lo que hemos luchado. Miremos de frente al enemigo. ¿A quién ha matado? En su mayoría a quien no obedece el cuidado. Y que no me diga Guayaquil que es su espíritu rebelde porque vergüenza debería darnos no haber entendido que la irreverencia se canaliza en contra de quien nos elimina, no a quien nos salva

Toca pensar también que el coronavirus viene acompañado de componentes emocionales individuales y sociales. Nos aislamos y giramos alrededor de preguntarnos cuánto durará esto y miramos a los nuestros y nos paralizamos de terror pensando que ellos, o nosotros, puedan ser infectados. Nuestra salud mental está seriamente amenazada también.

Sabiendo que esta enfermedad consiguió un disfraz diminuto que no parece ser alcanzada por la ciencia para neutralizarla, nuestra salud interna debe desarrollar emociones como la solidaridad y esperanza, estirando nuestra capacidad de expresar afectos, de cuidar de los nuestros y a los cuidadores, pues sabido es que el miedo no es la única emoción que nos puede controlar. El Amor tiene mayores evidencias de éxito.