Columnas

Cuarentena y Cuaresma

'En ese espacio estamos, en aquel en el que, para tener algo de paz, tendremos que estar dispuestos a aceptar que la vida es el presente'.

Un día sin pensarlo mucho se nos volteó el tablero, nuestras piezas de juego, las reuniones, horarios, visitas, las metas. Todo cambió. Encerrados, poniendo a prueba nuestra tolerancia fuera de la rutina, obligados a mirar la angustia y a habitar ese inevitable diálogo familiar en donde nos preguntamos si somos felices, si somos buenos padres para nuestros hijos y viceversa.

En ese espacio estamos, en aquel en el que, para tener algo de paz, tendremos que estar dispuestos a aceptar que la vida es el presente, y deberíamos estar listos a desapegarnos de lo que somos, de nuestra libertad, de nuestro entendimiento, de todo lo que sabemos y tenemos.

Para el mundo entero esto representa el gran desafío, en eso estamos de acuerdo. Enfrentar a este virus contando con certeza de una sola cosa : no hay cura. Cada uno de los Estados del mundo se ha desplegado como ha podido, sabiendo asimismo, que no se alcanza y que no hay experiencia parecida que nos proporcione una lección a seguir. ¡Gran responsabilidad que tienen en sus manos!

La política también arroja sus teorías pues no falta quien diga que este virus lo crearon para desintegrar a sus enemigos de derecha contra izquierda y viceversa.

Para otros es una repetición del Arca de Noé, todos llamados a cuidarnos y a encerrarnos hasta que cuando pase la amenaza nos adhiramos a una nueva alianza de amor a la creación.

Cada persona le dará su significado a esta experiencia planetaria. En lo personal no pienso en la incertidumbre de un futuro, trato de sentir y vivir día a día, veinticuatro horas a la vez. Tampoco escribo nada nuevo, ni nada que nadie haya dicho antes; son tan ciertas y ancianas estas declaraciones como lo es el hilo que misteriosamente nos une a todos a pesar de lo hondo que haya sido el egoísmo con el que hemos construido esquemas sociales para aislarnos, pues comprobado sigue estando que lo que nos pasa impacta a los demás.

¿Sigue siendo muy sencillo para que mentes soberbias no lo comprendan aún?