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Beneficencia

Honrar nuestra tierra, historia y antepasados. ¿Cómo la cuida usted de las tentaciones?

¿Por qué nos resulta tan familiar el título de este artículo? En primer lugar, porque pensamos en la Junta de Beneficencia de Guayaquil, que nace localmente, ya que las ciudades eran las encargadas del bienestar público, en especial de las personas más necesitadas.

En el año 1887 estaba en vigencia una ley que permitía a los municipios crear juntas de beneficencia, en tal virtud y dentro del campo de sus competencias, el Concejo Municipal expidió la ordenanza que crea la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

La Junta, para independizarse del municipio, empezó a recoger dinero de varias formas, como por ejemplo, a través de lotería y donaciones, intentando así sostenerse como una organización sin fines de lucro.

El hospital Luis Vernaza, con una larga y linda historia, se funda… “para proveer atención y curar a los enfermos ejerciendo la caridad cristiana”.

¿Cómo se cura a los enfermos? Con eficiencia, con capacidad de diagnóstico, con capacidad de elegir un protocolo. Es decir, con gente que sepa hacer su trabajo.

¿Cómo se define la caridad cristiana? Es el amor desinteresado en beneficio del otro. Sin fotos y halagos. Se define como la entrega a lo que se siente suyo: en este caso a los enfermos. Es la misericordia, la capacidad de poner al otro en el corazón, y curarlo, y darle una mejor vida.

Entonces, ser beneficencia es actuar así en todo momento, porque no se pueden dividir humanamente las convicciones.

Por eso, al inicio aparecieron los notables, los desprendidos, los capaces de entregarse.

¿Qué es un notable hoy? Una persona que actúe con caridad cristiana, con misericordia, con ética. Que sea todo esto, con todos y en todo, porque no se puede ser bueno en un lugar e indecente en otro.

Sentirse “bueno” es una vieja tentación. Hay que cuidar nuestros actos de beneficencia con ética y misericordia. Honrar nuestra tierra, historia y antepasados.

¿Cómo la cuida usted de las tentaciones?