Columnas

¡Gracias Pablo Marangoni!

"¡Pablo, tienes derecho a descansar en paz, con el enorme reconocimiento de tu ciudad, tu país y el mundo!"

Qué contraste doloroso: se fue de esta vida Pablo Marangoni, quien permeó la sociedad guayaquileña y ecuatoriana de su ética, de su humanidad, de su ciencia, de su cultura y de su solidaridad.

En paralelo, Guayaquil está tratando de salir del coronavirus y enfrentando otra pandemia de abuso vergonzante, indignante y nauseabundo en la obtención del carné de discapacidad. Curioso e invertido efecto de contagio en todo el país: con el COVID comenzamos en el Puerto Principal y luego subió a la capital; a su vez la corrupción bajó de Quito y se regó en Guayaquil y en el resto del país.

Pablo nació en Trieste, Italia, en septiembre de 1924. Médico cirujano graduado de la Universidad de Pavía, se mudó a Guayaquil en 1955 para colaborar con su padre, industrial, identificándose, en paralelo, con varias acciones de impacto social y creando Aprofe (Asociación Pro Bienestar de la Familia Ecuatoriana), entregando así a las mujeres de todo estrato social servicios médicos/ginecológicos, psicológicos y sociales, conducentes a formar familias con niños deseados, esperados y queridos. Los servicios de Aprofe se extendieron a varias ciudades del país y su acción se distinguió también como ejemplificadora en foros internacionales. Marangoni, ecuatoriano por afecto y por naturalización, siguió aportando su lucidez y su experiencia a varios organismos, tales como la emblemática Junta de Beneficencia, llegando a ser su subdirector. Eso implicó formar parte de la esencia misma de la histórica solidaridad guayaquileña ante la orfandad, el dolor, la enfermedad y la muerte.

El libro sobre su vida, Memorias de una hormiga, uno de los 50 que escribió, publicado en el 2010, es una lección de vida, de talento y de su polifacética personalidad.

En septiembre de 2015 la Universidad Casa Grande tuvo el honor de concederle un máster honorario, no teníamos la facultad de nombrarlo doctor. Él aceptó este homenaje de una joven universidad con auténtica gratitud inherente a los grandes hombres.

¡Pablo, tienes derecho a descansar en paz, con el enorme reconocimiento de tu ciudad, tu país y el mundo!