Discapacidades: solo les faltó COVID-19

  Columnas

Discapacidades: solo les faltó COVID-19

"Recomiendo enfáticamente su lectura a familias afectadas, sociedad civil, máximas autoridades nacionales y cantonales, en el ámbito de educación, salud, bienestar y trabajo"

En Ecuador las condiciones de las personas con discapacidades -reales, más no simuladas- y el impacto en las organizaciones que las atienden son graves y dramáticas a corto y largo plazo.

El Informe de las Políticas de las NN. UU. publicado el 20 de mayo pasado, señala: Las… “Repercusiones del COVID-19 en las personas con discapacidad se ven afectadas de manera desproporcionada por el brote... Se estima que el 46 % de las personas de 60 años o más tienen discapacidad. Una de cada cinco mujeres tiene probabilidades de tener una discapacidad durante su vida, mientras que uno de cada diez niños tiene discapacidad. De los 1.000 millones de personas con discapacidad, el 80 % vive en países en desarrollo. Representan un conjunto diverso de personas con distintas deficiencias y necesidades de apoyo que se enfrentan a importantes barreras para ejercer sus derechos a lo largo de toda su vida. Algunos grupos están aún más marginados, como por ejemplo las personas con discapacidad intelectual y psicosocial y las personas sordociegas, que tienen más probabilidades de ser excluidas de los servicios, de vivir o ser recluidas en instituciones y de verse expuestas a tasas de violencia, abandono y abuso más elevadas”.

Las alarmantes condiciones descritas ya están golpeando severamente a esta población y a las organizaciones que las atienden, sacando fuerza y resiliencia para no cerrar sus puertas en forma permanente. Lamentablemente, varias ya están cerrando en Guayaquil. Nuestro Municipio mantendrá las becas de discapacidad, lo que ya será una bocanada de aire. El Ministerio de Educación ha ofrecido continuar su ayuda y Bienestar está reconsiderándolo.

El informe al que me refiero es extenso, altamente profesional, comprehensivo y propositivo en detalle, enfocándose de manera preferencial en los países más vulnerables como el nuestro. Recomiendo enfáticamente su lectura a familias afectadas, sociedad civil, máximas autoridades nacionales y cantonales, en el ámbito de educación, salud, bienestar y trabajo.

¡Es una prioridad y es urgente!