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Actuemos con criterio y racionalidad sin apadrinar la monopolización. No permitamos la colonización mental.

Gran agitación y controversia ha causado el advenimiento de las vacunas contra el COVID-19, hasta el punto de haberse iniciado su aplicación, pese a existir algunos interrogantes sobre ellas.

El meollo del conflicto surge de la desesperación de la humanidad, que víctima de esta grave pandemia, aspira a gozar de una protección que permita reanudar sus actividades habituales. No podemos desestimar algunos puntos sobre los que debemos meditar, para tener una idea exacta de los hechos.

Todas las vacunas son experimentales; es decir, no se han probado todas sus características y propiedades, de suerte que no sabemos cuánto durará la inmunidad una vez aplicadas; no está probada su potencia por ser de reciente aparición; y se ignoran los efectos mediatos y tardíos que puedan presentarse. Además, es seguro que luego se indicará la necesidad de un refuerzo después de 6 o 12 meses.

Tenemos las vacunas de Pfizer y Moderna, elaboradas a base de un mRNA, es decir un elemento genético, cuyo destino final no conocemos, y el aplicárselas es como echar un “volado” y esperar los resultados.

Protestamos y rechazamos el uso de alimentos transgénicos y estamos permitiendo de manera ligera y graciosa que se produzcan seres transgénicos irresponsablemente.

A nivel de la industria farmacéutica cuenta también la “guerra fría”, la territorialidad y los grandes intereses comerciales, en virtud de los cuales los médicos sabemos que es muy difícil que la FDA apruebe la existencia de un medicamento europeo; es así que hemos comprobado que hay medicamentos franceses, alemanes y otros que no constan en los listados norteamericanos.

Entre las vacunas no aprobadas, entre otras, figuran la Sinovac de origen chino y la Sputnik V, rusa, que han sido elaboradas con un vector viral, es decir que no entrañan peligro potencial alguno, las cuales se están aplicando en varios países. La última compra de la Sputnik V la ha hecho Rumania para todos sus habitantes.

Actuemos con criterio y racionalidad sin apadrinar la monopolización. No permitamos la colonización mental.

Y sigo andando…