Columnas

Rodrigo Paz

Se nos fue quien cariñosamente era conocido como el Negro Paz y al ingresar al paraíso, llamará la atención ver a un ser con el tórax henchido ante la presencia de un gigantesco corazón de oro...

La Parca, con su guadaña inexorable, se llevó violenta e irrespetuosamente a un ser increíble y de extraordinario valor como era don Rodrigo Paz Delgado.

Su desempeño fue impecable, demostrando su ejecutividad y cualidades durante el tiempo en que se desempeñó como ministro de Finanzas y luego como presidente del Consejo Nacional de Modernización del Estado; para años más tarde, ocupar la Alcaldía de la ciudad de Quito, en donde gracias a su temple, férrea voluntad y visión futurista, hizo obras inolvidables para los quiteños, tales como el Proyecto de Agua Potable de Papallacta que funciona en la actualidad, la ampliación de la red vial de la ciudad y zonas aledañas, destacándose los trabajos en la Panamericana, De los Granados y la Eloy Alfaro Oriental y Occidental.

Implementó el Plan Laderas del Pichincha construyendo 7 intercambiadores y el Camal Metropolitano, completando su gestión con más de 3.000 obras, sobre todo en beneficio de los sectores populares.

Recibió por sus ejecutorias el premio a la Excelencia Empresarial, habiendo sido nominado como uno de los empresarios más respetados en el ranking de la Revista Líderes y PwC.

Indudablemente, que sin duda fue conocido sobre todo por su pasión por el fútbol y por la posición que ocupó como mecenas, dirigente e hincha fanático de LDU, de la cual fue su presidente honorario, habiendo sido justamente homenajeado al denominarse con su nombre al estadio perteneciente a dicha agrupación deportiva.

Se caracterizó por su bondad, espíritu caritativo y generosidad sin límites, virtudes que lo adornaron e impulsaron a realizar a lo largo de su existencia, actos con gran pasión, entrega y solidaridad humanas que ustedes no se imaginan y que por respeto a la reserva con que los hizo, no puedo publicitarlos.

Se nos fue quien cariñosamente era conocido como el Negro Paz y al ingresar al paraíso, llamará la atención ver a un ser con el tórax henchido ante la presencia de un gigantesco corazón de oro, fruto de una vida donde derrochó todo lo grandioso y bueno que puede ofrecer un verdadero ser humano.

Y sigo andando…