Columnas

Reflexiones II

Tendrá que presentarse sin la máscara deleznable, demagógica y la verborrea que promete pan, miles de empleos...

Disfrutando hoy de un justo y merecido descanso, Jaime Nebot, el incansable, debe estar intensamente planificando su futuro, vinculándolo a una gestión de envergadura supraedilicia, es decir nacional.

Su experiencia, adquirida luego de tantos lustros como alcalde, le ha provisto de la capacidad, solvencia y ejecutorias suficientes como para enfrentar como estadista la tremenda responsabilidad de dirigir una nación; sin embargo, esta opción futurística deberá ser el fruto de una planificación integral dentro de un ámbito de gestión altamente seguro y prolijamente diseñado.

Deberá tomar en cuenta que en la región interandina, a diferencia de lo que sucede en la costa, su figura y presencia deberán ser fortalecidas para cambiar una cierta resistencia que podrá ser vencida mediante un plan que contemple un importante recorrido por las diferentes provincias que la integran, organizando conferencias, charlas inductivas y en algunos lugares visitas de puerta a puerta, para hacer conocer y reafirmar su toque humanista, sembrando simpatías y aceptación en los futuros y potenciales electores.

Tendrá que presentarse sin la máscara deleznable, demagógica y la verborrea que promete pan, miles de empleos, viviendas y un futuro maravilloso jamás alcanzable. Tendrá que ser parco y transmitir la verdad a los ciudadanos diciendo: no ofrezco nada, si me eligen seré el más decidido trabajador por la patria, vengo a cumplir con ustedes y a darles todo cuanto esté a mi alcance para que su vida sea más agradable y placentera, y lucharé a brazo partido para mejorar su existencia, laborando con tesón, ahínco y absoluta honestidad. Jamás los traicionaré.

Sabrá desembarazarse de un lastre de seguidores “non sanctus” cuya presencia le es perjudicial, refrescándose políticamente con jóvenes valiosos y capaces para derrumbar la torre de marfil que se erige alrededor del triunfador que lo ciega y aparta de la realidad, para lo cual se rodeará de un equipo competente y honesto que no le diga lo que él desee oír, sino la verdad clara, límpida, sin adulaciones ni tapujos.

Y sigo andando…