Columnas

Insensatos

"La pandemia está presente, el coronavirus avanza imparable y a nadie le importa"

Resulta increíble el contemplar esta espantosa realidad en cuanto a la manera de actuar de nuestros conciudadanos, que se comportan cual equinos salvajes que se desbocan y se lanzan fuera de todo control y mesura a las calles y plazas para dar rienda suelta a sus gustos y tendencias primitivas, totalmente autolíticas en las condiciones en que nos encontramos.

La situación es compleja, ya que por una parte se enfrentan los deseos de reivindicación del comercio en general, y en este caso del peninsular, que se ha visto gravemente contraído en este año pandémico, generando pérdidas de magnitud variable para dueños de hostales, restaurantes, bares, discotecas y hoteles; y por otra, la problemática de COVID-19, que por su poder de circulación y la elevada tasa de contagiosidad, mantiene una importante prevalencia con la generación de casos críticos, motivo por el cual se ha convertido en un problema de salud de grandes proporciones.

En este feriado, el descontrol fue mayúsculo ante la apertura de bares y discotecas; las aglomeraciones y bailes en las calles se dieron a rabiar y los danzantes, haciendo caso omiso de las normas de higiene y recomendaciones, disfrutaban sin mascarillas, arrojándose agua y libando sin parar. Todo esto provocará días venideros duros en angustia y contagios.

En Salinas, por el sector de Chipipe, que desde marzo fue un remanso de paz, pasaron carros ‘tunning’ hasta las 3h00 en una verdadera competencia de decibeles, que hacían un ruido infernal, alterando el sueño de adultos mayores y niños, que en verdad sufrieron indeciblemente.

La ciudad de Guayaquil también participó del desorden, instalando decenas de albercas desarmables en varios lugares. Se dieron aglomeraciones, partidos de fútbol, libaciones al aire libre y el sábado fue imposible entrar en el sector de la Bahía por la calle Eloy Alfaro en razón de un tráfico totalmente atascado. La pandemia está presente, el coronavirus avanza imparable y a nadie le importa. ¡Mi pésame a médicos, enfermeras y paramédicos, a los que nadie apoya, considera, agradece o respeta!

Y sigo andando…