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Carlos Andrés Vera | Otra línea roja

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Un intento del poder político por meterse a la sala de máquinas de un medio crítico

La intervención de GRANASA, editora de este Diario, por parte de la Superintendencia de Compañías, no es un hecho administrativo sino político y por lo tanto, un nuevo golpe al paupérrimo estado de salud de nuestra democracia.    

¿Qué ocurrió? Inmobiliar, entidad estatal que mantiene una disputa por la titularidad del 2,56 % de las acciones de la compañía, solicitó acceso a información sensible: estrategias legales, contratos con proveedores, datos de suscriptores, etc. El administrador de GRANASA negó el pedido, amparado en el artículo 15 de la Ley de Compañías, que permite restringir información cuando exista la presunción de que será utilizada para fines extrasociales pues el Estado es, a la vez, juez y competidor en el mercado de medios.

Tras la negativa, la Superintendencia intervino la administración de GRANASA en lo que evidentemente es un intento del poder político por meterse a la sala de máquinas de un medio crítico. El acoso a EXPRESO tiene ya varios capítulos. El más colorido, la acusación de lavar millones de dólares a través de canillitas. Nada de eso fue demostrado. Todo es falso, todo es mentira. La enquina del Gobierno contra la voces más criticas de EXPRESO ha derivado en un patrón de agobio constante, desgaste y descrédito contra su línea editorial.

¿Quién lidera este escarnio desde el poder? ¿Es el presidente Noboa? ¿Es Fausto Jarrín? ¿Es Sensi-Contugi? Quienquiera que sea, cruza otra línea roja y debilita al Gobierno porque contamina todo lo que han hecho, antes y después de esta medida, respecto a otros actores civiles, sociales y políticos. Debilitan a ministros y funcionarios que sí están jugándose el pellejo combatiendo a las mafias, pues acciones ilegítimas como esta terminan deslegitimando decisiones legítimas y necesarias. Cruzar líneas rojas les hará sentir poderosos en el corto plazo, pero los compromete en el mediano, pues desenmascara sus intenciones frente a la sociedad y les distrae de lo importante: el enemigo del país es el crimen organizado, no Diario EXPRESO.

Pésimo negocio político. Torpe además, en medio de una guerra contra las mafias. Ya se dispararon en el pie con el manejo del caso Mario Godoy. Ahora vuelven a hacerlo. Esto no fortalece al Gobierno. Lo debilita. Y deja al país con la sensación de que cada vez quedan menos contrapesos frente a cualquier deriva autoritaria.