Mauricio Velandia | Los mercados de predicción
La información privilegiada no es un tecnicismo, es poder anticipado
Dos amigos conversan acerca de un gobierno que adelanta visitas de inspección al principal periódico del país para revisar agendas, correos y decisiones empresariales. Uno lo veía como una simple inspección administrativa. El otro no. Le respondió que eso no era visita administrativa, sino un acceso a información privilegiada. Y que permitirlo no solo ponía en riesgo al mercado, sino también a los jueces llamados a autorizarlo o desautorizarlo.
La conversación parece exagerada. No lo es. La información privilegiada no es un tecnicismo, es poder anticipado. Es saber antes los temas de mercado o de estrategias comerciales. Se trata de información relevante no pública, capaz de mover el mercado o, en este caso, consejos editoriales.
Sin embargo, hoy en día y por el contrario, nacen unos mercados cuyo insumo es la información estudiada, como son los denominados ‘mercados de predicción’, donde se apuesta por el resultado en elecciones, decisiones judiciales, conflictos militares o incluso por el número de veces que un expositor en Davos o Münich dirá “arancel” en una conferencia.
Para que se hagan una imagen en Kalshi y Polymarket, plataformas de mercados de predicción, hoy en día circulan cerca de 2.000 millones de dólares semanales. Bastante. La probabilidad en esos mercados de predicción se volvió activo. Y cuando la probabilidad se monetiza, la información vale oro. El verano pasado, un usuario de Polymarket ganó más de 150.000 dólares apostando con precisión sospechosa sobre el momento exacto de los ataques de Israel contra Irán. El 12 de febrero, Israel anunció la detención de dos hombres acusados de usar información clasificada para lucrarse con esa apuesta. No era intuición. Era acceso indebido. Algo similar ocurrió con María Corina Machado en cuanto que ganara el Nobel de la Paz, donde se dispararon horas antes del anuncio oficial. O cuando apuestas rentables precedieron decisiones sobre Venezuela poco antes de movimientos políticos en Washington. Estudios académicos han indicado que operadores con conexiones políticas internas obtuvieron rendimientos inusualmente altos.
No obstante lo dicho, existen mercados lícitos donde la información especializada es parte del diseño, como los ‘commodities’, las coberturas agrícolas y la energía. Allí la negociación informada puede ser funcional.
En el antitrust y libre mercado, el cartel clásico fijaba precios. El cartel moderno coordina información. No necesita reunirse en un café, basta con sincronizar acceso anticipado. La concentración ya no es solo de cuotas de mercado, sino de conocimiento estratégico. El antitrust del siglo XXI debe vigilar no solo precios y fusiones, sino la captura informativa. Porque cuando el acceso anticipado se concentra, el mercado deja de competir y empieza a obedecer.
Sin embargo, cuando el objeto del acceso a cierta información es la política, la justicia o la seguridad nacional, la información anticipada deja de ser técnica y se convierte en poder estructural. Un gobierno que inspecciona al principal periódico de un país no está fiscalizando balances ni dentro del mercado de predicción. Está buscando anticipación. Está buscando controlar consejos editoriales y presionando. Es una predicción política y oscura.
Entonces es grave: sí. Irremediable: no, si los jueces entienden lo que está en juego.