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Balance

El alcalde, cual figura decorativa, no conoce la amplitud de su papel y el cúmulo de obligaciones que tiene para con nosotros.

Fui a Salinas con el ánimo de descansar y arreglar algunas cosas pendientes, pensando en que la presencia del Comité Cívico de Salinas, cuya vida es todavía muy corta, se había hecho sentir algo en los pininos realizados por un grupo de gente aguerrida dispuesta a luchar a brazo partido por el balneario.

La experiencia fue desalentadora toda vez que el espíritu salvaje propio de malandrines se hizo presente y pudo causar desorden y zozobra en diversos lugares la ciudad, donde se asentaron en calidad de hunos, gritando a rabiar y montados en vehículos de diversos modelos y colores, cargados de parlantes que rugían música estridente, propia de cantinas, a tal volumen que superaba los niveles de tolerancia en decibeles para el oído humano.

Este es el enfrentamiento de derechos y derechos entre quienes nos sentimos parte de la ciudad y una masa de advenedizos foráneos que no identificados con ella, la asaltan cual piratas contemporáneos para hacer de las suyas.

Esta sarta de bellacos, parte de una sociedad que perdió el rumbo, se creen dueños de todos y de todo, y están convencidos de que pueden hacer lo que los venga en gana, bajo el rótulo de igualdad de clases y reivindicaciones sociales.

Graciosamente, se olvidaron de que somos parte de Salinas, que haciendo un gran esfuerzo adquirimos nuestras propiedades y que contribuimos con la ciudad pagando nuestros impuestos prediales, y honramos nuestra condición de ciudadanos bajo un manto de orden y respeto colectivos.

El alcalde, cual figura decorativa, no conoce la amplitud de su papel y el cúmulo de obligaciones que tiene para con nosotros. Debo recordarle que todos tenemos la paciencia de Job y trabajaremos incansablemente para el logro de nuestros propósitos, y triunfaremos aunque sea sobre su cadáver político.

Señores integrantes del Concejo, no menosprecien esta fuerza que representa el CCS, que los arrollará cual tsunami incontrolable del cual solo podrán librarse si reencauzan la gestión edilicia por los senderos de la lógica, el respeto, la justicia y la razón.

Y sigo andando…