Columnas

Presidente Noboa, un ser excepcional

Este es el consuelo de María Isabel, de sus hermanos, de sus hijos y de todos sus amigos, en quienes dejó una marca que jamás podrá ser borrada. Hasta pronto Presidente

En mi columna en honor a los presidentes guayaquileños que hicieron grande a nuestra ciudad, hablé de lo que le debíamos al presidente Noboa, en especial a la bonanza económica que siguió a sus dos decisiones importantes: mantener la dolarización y construir el Oleoducto de Crudos Pesados. También me refería a su propuesta de un gran acuerdo nacional en las difíciles circunstancias en que llegó al poder en el 2000, lo importante de su visión de estadista para paliar los duros momentos luego del levantamiento indígena. No podía imaginarme que esta semana tendríamos la mala noticia de que el plan de Dios era tenerlo más cerca, más cerca de Jesús, más cerca de la Virgen María Auxiliadora.

Hoy, quiero referirme a su faceta de conductor espiritual de varios miles de jóvenes que tuvieron el impulso de su claridad para, en la práctica, ser mejores seres humanos. Basta leer en las redes sociales los comentarios de aquellos que fueron tocados por su fe y los que se autoproclamaban como gustavinos.

En sus últimos años desarrolló un ciclo de conferencias, en el marco del título: La cancha de tu vida, el partido que no puedes perder. Con una maravillosa analogía, mi presidente dotaba de herramientas en una amena y brillante defensa de la importancia de los valores, donde la fe actuaba de arquero para evitar que nos metan goles, y diez camisetas de valores fundamentales permitían jugar el partido de “tu” vida teniendo como ‘coach’ a Jesús y a la Virgen María de madrina.

La gracia de Dios siempre inspiró y acompañó las obras del presidente Noboa, sea en San Carlos, en la Universidad Católica de Guayaquil, en la Gobernación del Guayas, en la Vicepresidencia y en la Presidencia de nuestro país. Su trabajo, como apóstol de Jesús, fue muy fructífero. Por lo que no nos sorprende que junto con María Isabelita, sus padres y amigos, haya sido recibido con una gran fiesta en el cielo. Este es el consuelo de María Isabel, de sus hermanos, de sus hijos y de todos sus amigos, en quienes dejó una marca que jamás podrá ser borrada. Hasta pronto Presidente.