Don Julio

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Don Julio

¿No será hora de que los cientos de don Julio que se cruzan en nuestro camino dejen de ser invisibles?

Hace más de diez años que se casaron las hijas, decidimos que era hora de reducir el espacio donde vivíamos y nos cambiamos a la misma, antes pacífica, Lomas de Urdesa, pero a un departamento más funcional. Lo bueno de la nueva localización es que está a una cuadra de las canchas de tenis. Así, finalmente pude regresar a las canchas tan queridas y necesitadas. Día a día, al llegar muy temprano al amanecer cruzo mi saludo con don Julio, el verdulero y frutero del barrio. Un hombre con algunos años a cuestas, que a esa hora arregla con amor, orden, paciencia y limpieza en su quiosco de metro y medio por metro y medio, cada una de las frutas y productos de la huerta que desembarca de su vieja camioneta azul, para ofrecer a los vecinos. Siempre me he preguntado dónde vivirá don Julio, cuánto tiempo le tomará llenar su camioneta de productos, qué riesgos pasará para llegar a su esquina, y cuáles serán sus más apremiantes preocupaciones, para que al final, los habitantes del sector, podamos felices tener la opción de comprar sus buenos productos. Especulo que don Julio le pide a Dios que las cosas vayan bien para los vecinos, ya que tendrán ingresos para que él pueda tener opción de vender toda su carga diaria, que con tanto trabajo nos ofrece.

¿No será hora de que los cientos de don Julio que se cruzan en nuestro camino dejen de ser invisibles? ¿No será hora de acercarnos a esa realidad y hacer algo por ella? ¿No será tiempo de unirnos a su oración para que a todos nos vaya mejor y que así podamos prosperar? Quizás sintiendo lo que es el sacrificio de la base de la pirámide seamos empáticos, en vez de buscar cómo nos destruimos.

Es diciembre, el mes del amor, el mes del cumpleaños de quien nació para traernos el mandamiento único del amor. Durante treinta y tres años nos dijo: “Ama a Dios con todas tus fuerzas, y a tus hermanos como a ti mismo”. Duro mandato que hace que 2021 resuene en nuestra conciencia. Faltan dos semanas para la Navidad, hay tiempo. Hagamos un esfuerzo para comprender y amar a los Julios que nos rodean. Ellos son la prioridad, no los impuestos que nos tocará pagar.